226. Apostillas: Frases inolvidables del Negro Fontanarrosa

Inodoro y Mendieta
Negro Fontanarrosa (Rosario 1944-2007)

*

Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.

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La rosa tiene espinas, pero… ¿tiene pétalos el atún?

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Aun viéndote sucia y borracha, me arrodillo para nombrarte: “¡Madre!

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Te siento cuando te toco y, cuando no te toco, también te siento. ¿Que tienes en la piel?

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Cuanto más subo, más bajo. Cuanto más bajo, más subo. ¿Qué me pasa?

*

Quise conocerme a mi mismo. Cuando me hallé, estaba muy cambiado.

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Se aprende más en la derrota que en la victoria, pero… ¡prefiero esa ignorancia!

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El que nada desea, es sospechoso.

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Supe perdonar a la mujer adúltera. Mi piedra no le acertó.

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El espíritu del virtuoso es como un espejo. Te miras en él y puedes peinarte.

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El hombre sabio es pobre en apariencia, pues su tesoro está en Suiza.

*

En el mundo hay Bondad y Maldad. Justicia e Injusticia. Arboles y tortugas. Hay muchas cosas.

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Te regalaría las estrellas, pero te has empecinado en un par de zapatos.

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He cometido el peor de los pecados. No he sido millonario.

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¡Qué superficial es la alegría ruidosa de la orgía!

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Si quieres alcanzar la Sabiduría… ¡empieza a correr ya!

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El tirano admite que lo odien, pero odia que se rían de él. Y más aún que le arrojen una bomba.

*

El pavo real abre su cola sin importarle si es día feriado.

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Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron “Bichi”.

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225. Imágenes: Fiscal de Mesa

Lady Florence Norman en su scooter
A suffragette, on her motor-scooter in 1916, travelling to work at offices in London where she was a supervisor. The scooter was a birthday present from her husband, the journalist and Liberal politician Sir Henry Norman.

224. Diario de un escritor emérito

Con N

"Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida".

Paul Nizan

30 de octubre

   ¿Por qué, cómo, para qué comencé a escribir?
   Estas preguntas son o eran frecuentes. Un escritor alcanzaba una cierta visibilidad y en las entrevistas y encuestas se las endilgaban (Endilgar: María Moliner, tercera acepción) como si tal cosa.
   Durante muchos años no supe muy bien qué contestar, qué decir. La forma más sofisticada de la interrogación era cuando te pedían que contaras un episodio de iniciación. Yo, entonces, inexorablemente, balbuceaba, por no decir que decía cualquier cosa.
   Hoy, muchos años después, cuando creo que mi obra está terminada y siento que no tengo ninguna clase de obligaciones en función de escribir, de haber escrito o de volver a escribir, lo sé: empecé a escribir para blindarme, para construir algo con mi vida, para dejar de balbucear (y no sólo ante preguntas tan retóricas como esas). Creo que fue Sartre quien dijo que lo importante no es que te haya tocado una vida de mierda sino que lo importante es qué hacés con la vida que te ha tocado.
   Por eso, sí, lo sé, estoy casi segur seguro, o me parece: hoy no balbuceo.
   Yo tenía que zafar de una infancia devastadora, de una adolescencia desconcertante y penosa y, un poco más adelante, de una una juventud apasionada y caótica.
   Por eso empecé a escribir.
   Y es probable que por eso siga escribiendo aun cuando ya no publique lo que escribo. Porque la madurez no te rescata del sin sentido de la mayoría de las cosas. Y menos de la realidad.

223. Imágenes: Un suicidio impactante

Evelyn McHale
El 1° de mayo de 1947, a los 23 años, Evelyn saltó al vacío desde un balcón de observación en el piso 83 del Empire State Building y cayó sobre una limusina de las Naciones Unidas.

222. Apostillas: Frases inolvidables de Borges (I)

Jorge Luis Borges
(Buenos Aires 1899-Ginebra 1986)

*

Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.

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Cuando uno escribe, el lector es uno.

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Deporte: yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara.

*

El peronismo no es ni bueno ni es malo, es incorregible.

*

Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real.

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Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

*

La duda es uno de los nombres de la inteligencia.

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La historia es una forma más de ficción.

*

Lo que decimos pocas veces se parece a nosotros.

*

221. Evita y Libertad Lamarque

La cabalgata del circo
   Es una leyenda, y como casi todas las leyendas está basada en la realidad y en los puntos oscuros de la realidad. La leyenda cuenta en este caso que en el año 1945 Libertad Lamarque le dio una resonante cachetada a Evita mientras filmaban una escena de La cabalgata del circo dirigida por Mario Soffici en los Estudios San Miguel. Eva tenía 26 años, Libertad Lamarque 37, la película era una especie de comedia dramática salpicada con canciones y protagonizada por la troupe de un circo itinerante.
   Hacía un año y medio aproximadamente que Evita conocía a Perón. Él vivía en un departamento chico en Arenales y Coronel Díaz con María Cecilia Yarbel, una amante adolescente llamada la Piraña que estaba con Perón con el consentimiento de los padres. Pero rápidamente Evita se deshizo de la Piraña y consiguió que echaran también a los padres que eran empleados públicos en Mendoza. “La fleté”, le dijo a Perón. Y Perón se fue al mazo sin chistar.
Los Estudios San Miguel fueron creados en 1937 por el español Miguel Machinandiarena y la sede se instaló en Bella Vista. A finales de 1944 Evita firmó un contrato para protagonizar seis películas, tres en 1945 y tres en 1946. Es sabido también que Perón conocía a Libertad Lamarque desde, por lo menos, el acto en beneficio de los damnificados por el terremoto de San Juan que se realizó en el Luna Park el 22 de enero de 1944 y en el que Evita consiguió sentarse junto al coronel que comenzaba a marcar el destino argentino desde la Secretaría de Trabajo y el Ministerio de Guerra. Algunos testimonios sostienen que la rivalidad por los favores de Perón fue lo que desató la pelea entre las dos mujeres en un escenario de los Estudios San Miguel.
Esa mirada de Evita...
Foto: Annemarie Heinrich
   Sin embargo, como en muchas leyendas, hay más de una versión y en la siguiente los hechos parecen ajustarse mejor a la realidad y a los caracteres: se cuenta que para llegar a los Estudios donde trabajaba, Libertad Lamarque debía viajar todos los días a Bella Vista en tren y continuar a pie desde la estación por calles de tierra o, cuando llovía, de barro. Evita, por su parte, con un papel secundario, llegaba siempre más tarde  y se bajaba, espléndida, de un auto con chofer del Ministerio encabezado por Perón. Hasta que un día la sangre llegó al río y en medio de una discusión Libertad Lamarque le pegó la celebérrima bofetada a Eva.
   Cuenta la leyenda que, contra todo lo previsible, Evita no hizo nada. Sólo se llevó una mano a la mejilla golpeada y sostuvo con frialdad la mirada de Libertad Lamarque. Pero pronto llegarían el 17 de octubre, después las elecciones, en seguida el casamiento de Perón y Eva, y apenas unos meses después de aquel incidente Perón asumiría por primera vez la presidencia de la Argentina. Obviamente, o no, Libertad Lamarque se quedó sin trabajo.
   Entonces, desesperada y sin alternativa, solicitó una entrevista con Evita. Y cuando el encuentro se concretó le pidió autorización para trabajar en el país. Entonces Eva sonrió, se tomó su tiempo, acomodó un pliegue de la falda, levantó la mirada hacia los ojos suplicantes de Libertad Lamarque..., y le dijo: “Pero trabaje, querida, trabaje. ¿Quién se lo impide?” Poco después la cantante rosarina se fue a México.

220. Cartas de Fogwill *

Foto: Alejandra López
Rodolfo Enrique Fogwill 
(Buenos Aires, 1941-2010)

          La primera carta de Fogwill que recibí en Barcelona está fechada el 11 de octubre de 1983. Yo le había escrito un par de semanas antes porque había leído sus tres primeros libros de cuentos (Mis muertos punk,  Música japonesa y Ejércitos imaginarios) y me habían impactado. En esa primera carta, de respuesta, Fogwill decía más o menos hacia la mitad:
          Hay tres preguntas en tu carta que me gustaría responder: (...) por qué no metí la de tul. No la puse porque la había metido en Música japonesa, que había editado Belgrano poco antes. Otra pregunta tuya, “¿Sos loco vos?”, interrogabas. No: no soy loco. Pero no soy boludo y vengo de un oficio donde se juega en serio y no por chirolas; entonces no puedo metabolizar las pavadas de los perritos del mundo literario, ni sonreirle a las señoras de los perritos, ni tratar como a personas a los coroneles equises, ni a los pezzonis, delgados, lafforgues y boludos de turno. De todos modos igual escribo. ¿Leíste La reina de las nieves de Gandolfo, La luz argentina de Aira, El mundo ha vivido equivocado de Fontanarrosa, y Matando enanos a garrotazos de Laiseca...?
          Nunca se acordó, Fogwill, de la tercera pregunta que yo le había hecho. Esta primera carta de página y media, abigarrada, escrita a máquina, a un espacio, y en una sola hoja -que después Fogwill dobló en cuatro y pegó con engrudo en los bordes-, tiene en lo que vendría a ser el frente del “sobre” un par de cosas manuscritas, entre ellas “aerea de avión” y un dibujo de dos avioncitos.
          Después de esa primera carta, excesivamente cordial por ser él, creo que nadie me trató nunca tan mal como Fogwill en algunas de las cartas siguientes. Pero también es cierto que supe muy pronto que con él a veces  había otra instancia. El 16 de noviembre de 1983, en carta dirigida como casi todas a “Juan Carlos MartiniDeal” (Sic. En alusión, imaginé siempre, a Martini Real) Fogwill me decía:
          A mí, mantener correspondencia me rompe las pelotas de una manera que allí, metido en el olor a toalla húmeda y a lengua catalana en otoño no creo que puedas alcanzar a concebir. En general, me quiebra las pelotas, los huevos, todo. Pero mucho más me revienta los cojones mantener correspondencia con gente que escribe con tanta prolijidad, cinta nueva en la máquina, presión balanceada en los tipos, imprevisión probabilísticamente calculada en los adjetivos, subas y bajas estratégicamente planificadas en la extensión de los períodos y en la tensión -supuesta- del aliento que se echa sobre la frase. Correspondencia con esos, como vos, es como visitar casas de ricos, pero al revés: es como si los ricos llegaran a tu casa trayendo sus mucamas y su cocaína. En el final de esa misma, larga carta Fogwill decía: ¿Quién es Kennedy Toole? Hablando de autores: ¿Leíste El entenado de Saer? Es un hermoso cuento convertido en novela por un recurso evocativo, pero es de lo mejor que se ha visto en estas pampas, también húmedas, pero sin olor a toalla mojada.
          En 1984, de vuelta en Buenos Aires, trabajé algunos meses como asesor en Bruguera argentina y publiqué en la misma editorial que le había rechazado a Fogwill Los pichiciegos un libro con tres largos relatos, Pajaros de la cabeza, en los que apuntaba hacia la novela. Pero para mí fue siempre, por sobre todas las cosas, un cuentista fuera de serie. La segunda instancia de la relación que sostuvimos personalmente duró más o menos un año. Vivíamos muy cerca: Fogwill en Arenales 2669 y yo en Juncal y Larrea. Así que nos veíamos casi a diario. Difícil de olvidar el cuartito en el departamento de su madre en el que escribía. El desorden era completo. Pero lo que más me llamaba la atención era la IBM eléctrica en la que escribía casi sin tinta porque no podía pagar una cinta nueva, el teclado lleno de restos de marihuana, y casi todo manchado de café o mate.
          Antes de eso, el 4 de enero del ‘84, Fogwill me había mandado a Barcelona Los pichiciegos recién publicada, al fin, por Ediciones de la Flor. La dedicatoria, manuscrita en el reverso de la tapa, dice: Es mi deseo para el nuevo año que vos y todos los tuyos puedan hacer obras como la presente, que te obsequio. El autor -lo conozco- es un muchacho de aquí (Buenos Aires, África Sud-Occidental) que promete mucho, y, a veces, cumple. ¿Entenderás la letra? ¿Te gustará la música? Feliz Año y va carta por separado.


Primera edición de Los Pichy-cyegos (Ediciones de la Flor, 1983)

          Las cartas tardaban, a veces, tres semanas. En la carta anunciada en el reverso de la tapa de Los pichiciegos Fogwill decía: Por correo aparte va un libro, que dice que por correo aparte va esta carta, es notable, como las cartas engrudadas y los libros mal escritos se transforman en metalenguajes, uno de otros, refiriéndose permanentemente entre sí, pero por correo aparte. En ese bosque de confort, lujuria y porros free, vos: ¿qué? Si vieras la democracia... Hay un gran escritor, el coronel O’Donnell, que se ha hecho cargo de la secretaría de cultura de la municipalidad de baires y ha dispuesto suprimir la ordenanza que impedía la exhibición de tu vida entera, pero siguen en pie las ordenanzas que impiden la exhibición pibica (sic) de la pija entera, y, como cabe esperar del Kerensky de Chascomús, siguen en pie las ordenanzas que regulan la vida del país en función de los acuerdos con el FMI.
          No me gustó la primera novela que publicó Fogwill. Mal escrita, y mal leída, Los pichiciegos es un texto de urgencia urdido sobre el doble reverso de una idea de patriotismo que aborrecía y sobre la humillación de un montón de muchachos abandonados por jerarcas militares en el escenario en el que serían masacrados, física y moralmente. La intuición y el estímulo no le fallaron a Fogwill: ese era el tema. Pero se perdió en la misma cueva que sus personajes.
          Obvio: no me atreví en aquellos primeros días de 1984 a decirle a Fogwill que Los pichiciegos no me había gustado. Le dije en cambio que venía demorado y que estaba en la página 101. Su respuesta fue clara:
          Bichito: (...) No sangro ni hay más herida que esa frase de tu carta que cito textual porque estoy persuadido (Alfonsín siempre dice “persuadiado”, como si estuviese convencido de una idea percudida, o perfumante) de que no guardás copia de tus cartas a mí, creyendo de que, o creyendo que, yo iría a guardarlas para que alguna puta vez salieran aquí en el escarabajo guaraní, o en el lagrimal trailateral (sic). Pues no: no guardo nada. Me dolió esa frase tuya: “ahí estoy, creo que en la 101”, referida a la página, y precedida por una cita de un tal Don Jacques, lo que me lleva a preguntarte: ¿leiste ya, sentiste una en la ciento una? Pues bien: sentí esta otra: “MARTINI ERES UN GALLEGO”. Arturo Capdevilla.


Sobre de una carta de Fogwill

          Fogwill fue idéntico a sí mismo desde que comenzó a publicar sus libros, en 1979, hasta el día de su muerte, el 21 de agosto de 2010. Al pie de la letra, Fogwill fue intuitivo, pródigo y versátil; y también narcisista, arbitrario, y fascistoide. Fogwill fue un desaforado. ¿Admirable? ¿Siniestro? Letal ingeniero de caminos, Fogwill. Tanto que hasta los escritores y los críticos peor tratados por él cerraron filas a la hora de su muerte para escribir las oraciones más desviadas de la literatura argentina.
          Como lector, en los comienzos de los años ’80 Fogwill detestaba sobre todo a Hermes Villordo, Asís y Soriano. En los últimos años arremetió contra escritores argentinos que publican en Anagrama: Alan Pauls, Martín Kohan y Andrés Neuman entre otros. También hacia el final salpicó elogios para Ricardo Piglia y un puñado de jóvenes encabezados por Carlos Busqued. Y sostuvo la defensa de Saer, Aira, Laiseca, Gandolfo y Briante. Pero todo esto no tendría casi ningún interés si no hubiera algo en la obra de Fogwill que lo rescata. No sé ni puedo saber si fue un buen poeta. Y como novelista no alcanzó relieves infalibles. Pero fue, seguro, un cuentistra excepcional. Y vale decir, con el signo que se prefiera, que, como Borges o como Aira, su obra constituye un sistema en sí mismo.
          Más allá de esto, Fogwill, como todo personaje fuera de escala, no tiene herederos.
   * La primera versión de esta crónica se publicó hace un par de años en el blog de Eterna Cadencia.

219. Highsmith: Vida, libros y amores

Foto: 1942
Patricia Highsmith

   Hace unos días tropecé con la imagen de una chica muy joven, con los brazos abiertos y desnuda de la cintura para arriba. Una foto en blanco y negro, con sombras fuertes, y el pelo de la chica cayendo sobre los ojos hacia su derecha, que es también la dirección de la mirada. La foto es del alemán Rolf Tietgens y fue tomada en Nueva York en 1942. La chica se llamaba todavía Pat Plangman y estaba enamorada de su retratista homosexual.

Más adelante

   Ocho años después, en 1950, Patricia Highsmith, ya con el apellido del segundo marido de su madre, publicó su primera novela y sin saberlo todavía la historia le estaba abriendo todas las puertas: "Extraños en un tren" no sólo tuvo un reconocimiento inmediato sino que además, sólo un año después, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock con guión de Raymond Chandler. Más de veinte novelas y diez libros de cuentos armarían el legado de la dama de hierro de la novela policial. Con pausas en novelas de amor como "El precio de la sal", en la que cuenta con pseudónimo la pasión platónica de una chica por otra, y atravesando toda su vida literaria la saga impecable del personaje llamado Tom Ripley, publicada entre 1955 y 1991.

Cerca del final

   Los años no son sólo la diferencia que va desde la foto de Rolf Tietgens con el desnudo de Highsmith hasta las fotos en las que se la ve encorvada mientras escribe a máquina o desgreñada y con el pelo blanco a finales de los años ’80 y comienzos de los ’90 del siglo pasado. La belleza o el atractivo inicial y juvenil parecen haberse detenido en las épocas en que estuvo enamorada de Virginia Kent, primero, y de Ellen Hill, después. A partir de los 60 años, aproximadamente, se retiró de la vida social. Alcóholica, fumadora, y misógina Patricia Highsmith se llevó a Lucarno, Suiza, sus misterios y sus secretos. 
   Un poco antes, a los 45 años, publicó su único libro de ensayos: “Suspenso”, una lección acerca del arte de escribir novelas y acerca del arte concreto de las novelas policiales tal como ella concibió y atravesó el género. #Básicos.

217. Diario de un escritor emérito

Con F

"Un escritor es intrínsecamente incapaz de decir la verdad; por eso llamamos ficción a lo que escribe".

William Faulkner

23 de octubre

   Una aclaración, aun cuando no sé si se me reclaman aclaraciones.
   Es cierto que uno puede decir con cierta holgura que deja de escribir después de haber escrito. Incluso cuando -como he dicho- se ha publicado a lo largo de más de 40 años y se llega a la intuición de que la obra se ha completado.
   Pero además, hoy, se puede hacerlo frente a un llamado mercado editorial que, en el caso del primer libro de un autor, si se venden 500 ejemplares ya todos están dispuestos a brindar. O dicho de otra manera: el mercado -la demanda- para libros impresos y más para primeros libros se achica cada día más. El punto es que se sigue escribiendo o se empieza a escribir y se espera con ilusión ser editado.

   En el caso de los escritores jóvenes y con dificultades (y sin dificultades también) para publicar su primer libro mi sugerencia es la web. Publicar una novela o un libro de cuentos de una o por entregas en una página web o en un blog, es una alternativa que va consiguiendo su lugar y cada día más visibilidad. De hecho no son pocos los casos en que los blogs se transforman en series de TV o películas. Recuérdese "Ciega a citas" de Carolina Aguirre, por ejemplo.
   Con esto quiero decir: me parece que llegará un momento en que a la hora de empezar a escribir en el único soporte que se pensará para editar será en los que facilita la web. El libro en papel, por mucho que duela, se encuentra en los tramos finales de su historia y el libro digital seguirá ganando terreno. No hay por qué pensar, más allá de motivos sentimentales, que no será así.

   Por otro lado, se puede creer que la historia de la literatura, desde sus orígenes hasta hoy, es la historia de la narración. En el marco de todos los géneros siempre se han contado historias. Incluso por supuesto desde mucho, muchísimo antes de que Johannes Gutemberg inventara la imprenta de tipos hacia 1450. La Odisea, del poeta griego Homero, escrita aproximadamente en el siglo VIII a.C. es una epopeya en 24 cantos que cuenta la guerra de Troya. La Eneida es una epopeya latina escrita en el Siglo I a.C. por Virigilio. La Eneida parte de los poemas atribuidos a Homero (la Odisea y la Ilíada), fundamentalmente desde la guerra de Troya y de la destrucción de la ciudad, para llegar a la fundación de Roma.
   En tanto epopeyas todos estos poemas narran historias, tienen sus héroes y los enemigos de sus héroes, peripecias de todo tipo, romances, traiciones y muertes. En este sentido son, diría Faulkner, ficciones porque no tienen la intención de contar verdades fieles a la historia real. Todos estos libros, y toda la literatura antigua llegó a nuestros días por obra de infinitos copistas que las escribieron a mano para su transmisión.

   ¿Extraño escribir? No lo hago ya desde hace más de dos años.
   No, no extraño escribir.
   Me gusta editar este blog y escribir aquí. Las cosas que escribo aquí.
   Como si con los otros materiales que posteo todo tratara de armar una escritura que diga algo sobre la vida real.

216. Tres espuelas

1956
Tres espuelas en cada zapato para mantener a distancia a los hombres.

215. Apostillas: 7 Citas de Faulkner

William Faulkner
(Misisipi 1897-1962 / Premio Nobel 1949)

*

La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.

 *

 Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma.

*

Lo más triste es que la única cosa que se puede hacer durante ocho horas al día es trabajar.

*

No me interesan las ideas, sólo los hombres.

*

Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás.

*

Si me fuera a reencarnar, quisiera volver al mundo como un buitre: nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo desea, ni lo necesita; jamás lo molestan y nunca está en peligro; además, le mete el diente a cualquier cosa.

*

En mi opinión, los hechos no tienen nada que ver con la verdad.

*

214. Fútbol de otros tiempos

Independiente vs River (1935)
Arsenio Erico, Independiente, en uno de sus saltos memorables, marcado por el insider Moreno y ante la salida del arquero Besuzzo (con las rodilleras de otros tiempos).

213. Diario de un escritor emérito

Con B

"Existe una tradición nórdica que consiste en no darle el Premio Nobel a Borges".

Jorge Luis Borges

19 de octubre

   Lo primero que se siente cuando uno se da cuenta de que ya no escribirá más es un inmenso alivio, algo así como bajarse de una exigencia y de un compromiso. Es claro, tanto la exigencia como el compromiso son imaginarios o, en el mejor de los casos, con uno mismo. En rigor, y más hoy, nadie está esperando nuevos libros de nadie. Si aparecen te enterás, decidís si les vas a echar un vistazo o los vas a leer -para ver cómo intentan sobrevivir los autores-, y listo.
   Las puertas de la libertad quedan abiertas.
   Con la idea de una obra terminada ya podés hacer lo que se te dé la gana: leer, no leer, no escribir, o escribir lo que quieras pero no para publicarlo. Hay en la publicación algo perverso. Se desea publicar. Y se queda pendiente de lo que se publicó como si el juicio de lectores y críticos fuese más importante que el propio. Entonces se corporiza el fantasma de una competencia.
   Si las cosas fueran así Joyce, Kafka y Borges se habrían suicidado. Ninguno de los tres recibió el Premio Nobel (en verdad esto los honra en tiempos en los que el Premio se daba sin ton ni son y por razones políticas antes que literarias), ninguno de los tres alcanzó una gran legibilidad ni tuvo gran cantidad de lectores en vida. El Ulises no agotó la primera edición, Kafka dio a conocer relatos pero no llegó a publicar sus tres novelas, Borges fue una rareza en un país en que el peronismo lo clausuró. Pero, pienso, creían en lo que hacían y eso fue suficiente para ellos. Esa es una apuesta. Una apuesta verdadera, grande, digna. Un escritor se juega la vida por su obra.
   Cuando pienso que el estadounidense Philip Roth, el húngaro Imre Kertész (Nobel 2002) y Alice Munro (Nobel 2013) ya han anunciado que dejaban de escribir me siento bien acompañado, no por la estatura de cada uno de ellos sino porque siento que mi idea de que se puede, y quizás se deba hacerlo, no es disparatada.

212. El punte desde el que los perros se suicidan

Puente de Overtoun
En el puente de Overtoun, en West Dunbartonshire, Escocia jamás se suicidó una persona, pero desde 1958 hasta hoy en este lugar los perros por alguna razón suben hacia la cima y se suicidan saltando desde unos veinte metros de altura. Nadie pudo explicar el motivo hasta que un grupo de investigadores desarrollaron una rara teoría: es porque abajo hay ratones y visones y su olor es irresistible para los perros.
Esta teoría convive ahora sin demasiada certeza con las que hablan de embrujos, espíritus y aliens.
Lo que nadie explica es por qué los perros que sobrevivían tras amortiguar su caída con el agua, subían malheridos nuevamente hacía el centro del puente para volver a saltar.
El número de perros suicidas en el puente de Overtoun se estima en 100.


211. Las oficinas más raras del mundo

El edificio canasta
Esta cesta es el edificio principal de la compañía de canastos Longaberger. Su presidente quiso para el edificio central situado en Ohio, una réplica exacta de la cesta que les identificaba como empresa. La broma le costó más de 30 millones de dólares y dos años de obras.
Dave Longaberger, fundador de la Compañía Longaberger, pretendía llamar la atención sobre la empresa y al mismo tiempo, contribuir a la construcción de una nueva marca.
Sin embargo, cuando comenzó la difusión de la idea de construir una cesta, la gente pensó que se trataba de una broma.
Ni los banqueros, ni los arquitectos tomaron en serio la idea, pero  Longaberger perseveró.
Su visión de la obra se completó el 17 de diciembre de 1997, cuando el edificio, que está diseñado para parecerse a una cesta, fue abierto para las oficinas en Newark, Ohio.

210. Diario de un escritor emérito

Con K

“El mismo lobo tiene momentos de debilidad en que se pone del lado del cordero y piensa: Ojalá que huya”.

Adolfo Bioy Casares

16 de octubre de 2013
   
   Entre 2008 y 2011 escribí mi último libro, "Cine", una especie de novela en tres partes que publicó Eterna Cadencia (2009, 2010 y 2011). Fue mi último trabajo pensando en su publicación impresa. Tuve la sensación, al terminarlo, de que redondeaba una obra que había comenzado más de 40 años atrás con la publicación de mi primer libro de relatos, "El último de los onas" (1969), y que ya no tenía nada nuevo ni más o menos nuevo que intentar. También pensé que las formas y los contenidos van cambiando a velocidad de vértigo en el siglo XXI y que otros soportes, a partir de Internet, se vuelven más y más verosímiles. Es como si por ejemplo en los blogs circulase una especie de literatura "anónima", por muy firmada que esté, y que esa literatura es nueva, caótica, sorprendente, y, a veces, excelente. Me tentó eso.

209. Las chicas se quieren

Dibujo: circa 1820
Lady Strachan and Lady Warwick making love in a park, while their husbands look on with disapproval.

208. Jardín Botánico VIII

Se sugiere leer las entradas anteriores (ver Etiquetas)
Jardín romano

*

Anexo I

Esto no va. Hay vibraciones en lo que se escribe que hacen, entre otras cosas, que el lector quiera seguir leyendo y que quien escribe quiera seguir escribiendo. En este texto no hay vibraciones. Y si las hay son forzadas, hay que tensar demasiado algunos puntos para conseguir la apariencia o el simulacro de una vibración.
Cuando se escribe una novela para que se publique en papel si se advierte algo así se hacen esfuerzos para detectar qué es lo que no va y corregirlo y para recomenzar desde ese lugar con un ritmo más sostenido y con un suspenso que de una u otra manera se despliega solo. No es el caso. "Jardín Botánico" no se escribe para ser impresa y para circular como habitualmente circulan los libros impresos: distribución, librerías, comentarios en suplementos literarios, éxito de ventas, fracaso o comportamiento promedio: es decir, 500 ejemplares vendidos. "Jardín Botánico" se escribe para subir periódicamente a un blog y -es su intención desde el primer momento- y para poner a la vista mediante artificios ficcionales los problemas que se van planteando.
Esta exposición para no seguir interrumpe los vaivenes ficcionales y es una puesta en abismo, diría la licenciada Eva Caro.
Pero esto ¿es una puesta en abismo?
La forma está decidida. De modo que se sigue y se verá si lo es o no.
Recapitulando: habiéndose observado que el texto no emite vibraciones, o no funciona bien, se ha tomado la decisión de abandonarlo. Y hay, para eso, por lo menos, dos caminos.

*

Anexo II

El primer camino sería -ya se ha dicho- un intento ficcional de hacerse cargo del problema. Por ejemplo, Florencia Dillon le dice a Sivori que las cosas así no van. Que su idea de una película con una única protagonista y sin sonido directo no puede dar buenos resultados.
Sivori entonces puede desoír la opinión de Florencia. No sería la primera vez. Pero para hacerlo tendría que estar seguro de que su película -y esta novela- funcionan.
Se descarta en este caso esta opción.
Después de un ensayo, un par de días antes de empezar a filmar, cuando Florencia, el productor, el director de fotografía y el jefe de electricistas ya se fueron, María Fournier y él siguen caminando por el Botánico, llegan al Jardín romano y se sientan en uno de esos bancos que debe pensarse que son bancos que replican a los bancos de los jardines romanos. De hecho, son difrentes a todos los bancos del resto del Jardín.
Se sientan. Fuman. No hablan... No hablan hasta que María le dice que esto no va. Pero para hacer más suave su comentario se hace cargo de la responsabilidad.
Me parece que no sirvo para eso, podría decirle. Vos necesitás a una actriz que haga lo que querés, es decir que actúe como si no fuera una actriz, y yo me pongo nerviosa, no sé cómo hacerlo y tengo la sensación de que te voy a estropear la película.
Sivori puede en tal caso insistir. O no insistir. Existe la posibilidad de que él también haya advertido que hay algo que no encaja en el proyecto de la película tal como él se la imagina en este momento. Como sea, es seguro que el comentario de María Fournier sería escuchado por Sivori de manera diferente a como sería escuchado un comentario similar realizado por Florencia. Aun cuando él debería confiar más en los comentarios de Florencia Dillon.
Pero bueno, las cosas pueden desencadenarse así. Es María la que lo hace.
De esta manera el texto podría encontrarse en un tramo casi agónico mediante recursos de exposición de sus fallas puestos a la vista, y entonces conducirlo hacia un final circunstancial o de ocasión sería relativamente simple.

*

Anexo II

Otro camino consistiría en hacer algo parecido, sino lo mismo, que el texto hace ahora: se pone decididamente frente a su fracaso.
No es de esperar que todos los lectores compartan esta idea. Es probable que un segmento de lectores se haya enganchado con la novela y esté dispuesto a pasar por alto sus puntos débiles o su inverosimilitud. Sucede. Estas cosas suceden. Y que otro segmento de lectores, aburridos o desencantados vayan dejando de seguir, cada martes o a partir de cada martes, los nuevos capítulos. De hecho, una simple consulta de las estadísticas del blog indica que el texto ganó en lectores hasta el capítulo IV y comenzó a perder lectores a partir del capítulo V. Sucede. En rigor, ya está sucediendo. No es dramático. El blog ofrece, por otro lado, otros espacios y otros desarrollos además de "Jardín Botánico" y la pérdida de lectores es, podría decirse, una tendencia suave. Nada dramático. Como si el fracaso del texto apenas comenzara a esbozarse. A diferencia de una novela anterior posteada en este mismo blog, "Hermann", cuyos lectores nunca dejaron de crecer. Poco o de a poco. Pero el número crecía.
Este dato se suma a la percepción exacerbada de que "Jardín Botánico", tal como está planteada, no va.

*

Anexo III

Así que, nuevamente, como ya se ha dicho, en la medida en que una de las intenciones de estos relatos es poner en evidencia, poner sobre el tapete, cómo se los construye, lo más lógico se presenta bajo la forma de interrumpirlo a través de una puesta en abismo.
La película que se imagina Sivori es mala, la participación de María Fournier es inverosímil, la relación de Sivori con Florencia después del final de "Hermann" no se recuperó bien y ella sigue profundamente dolorida... Y así siguiendo. Pero no se caerá en la especulación de ficcionalizar estos puntos para apelar a través de la ficción a una especie de comprensión ficcional del lector.
Amigos: "Jardín Botánico" se terminó.
Se aceptan comentarios. Pero piénsese que detrás de esta decisión existe una lealtad hacia el lector que casi ninguna novela tiene. Se vive en una época en que la forma tradicional de escribir narraciones y hacerlas circular está cambiado drásticamente.
Esta época, y este soporte, un blog, son los que, en definitiva, han resuelto dar por terminada la aventura.

*

Así que María y Sivori están otra vez en silencio. O nunca hablaron. Están sentados en un banco de mármol frente a una escultura de un emperador romano. Hay sol y ellos se encuentran solos ahí. No hay más nada que decir.
 Cést Fini


207. Golpe contra Agustín P. Justo

1933
Luego del fallido intento de derrocar al presidente Agustín P. Justo, los contrarrevolucionarios radicales Marcelo T. de Alvear, Honorio Pueyrredón, Adolfo Güemes, Carlos M. Noel, Juan José de Soiza Reilly y José Tamborini, entre otros, fueron detenidos y encarcelados en el ARA 25 de Mayo, para luego ser obligados a exiliarse en el pueblo patagónico de San Julián donde los desembarcaron en la chata de carga del transporte “Pampa”. Hipólito Yrigoyen fue trasladado a la Isla Martín García.
El gobierno de Justo durante los años '30 se recuerda como la Década Infame.

206. Vida Real: el alien bebé

Cepo
En mayo de 2007 Mario Moreno López del municipio de Metepec, estado de México, encontró en una trampa para ratas un ser extraño al que no se vaciló en considerar un ET bebé.
Del tamaño aproximado de una rata grande o de un gato pequeño, el ente había quedado atrapado y murió en seguida.
A pesar de que algunos investigadores sostuvieron después que se trataba de un mono ardilla nadie quedó muy convencido. Para colmo poco tiempo después Mario Moreno López murió calcinado en su auto en un accidente incomprensible y se dijo que se trataba de una venganza alienígena por la muerte del bebé.
Como sea, y el enigma persiste.

205. Apostillas: Roberto Bolaño

Consejos sobre el arte de escribir cuentos
Controvertido, ingenioso, adicto, desproporcionado, excéntrico, Roberto Bolaño (Chile, 1953-España, 2003) es autor de un puñado de cuentos memorables ("Llamadas telefónicas", 1997). Escritor de culto, sus fanáticos hacen más ruido que sus detractores y defienden las novelas que requieren del lector paciencia y admiración por los desbordes, desde "Los detectives salvajes" hasta la interminable y póstuma "2666". Como sea, he aquí sus consejos extravagantes para escritores principiantes sobre un género que gobernó y el que menos practicó.

1
Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2
Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3
Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4
Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5
Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6
Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7
Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.
Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8
Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9
La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10
Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11
Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12
Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

204. Apostillas: 16 Consejos de Borges

El mayor escritor del siglo XX junto con Kafka dejó un legado para principiantes *

En literatura es preciso evitar:

1
Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etcétera.

2
Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.

3
La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.

4
En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.

5
En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.

6
Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.

7
Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.

8
La enumeración caótica.

9
Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.

10
El antropomorfismo.

11
La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.

12
Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.

13
Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.

14
En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.

15
Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:

16
Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.


* Adolfo Bioy Casares, en un numero especial de la revista francesa L’Herne, contó que Borges, él mismo y Silvina Ocampo proyectaron escribir a seis manos un relato ambientando en Francia y cuyo protagonista hubiera sido un joven escritor de provincias. El relato nunca fue escrito, pero de aquel esbozo ha quedado algo que pertenece al propio Borges: una irónica lista de dieciséis consejos acerca de lo que un escritor no debe poner nunca en sus libros.

203. Apostillas: 7 Citas de Joyce

James Joyce
(Irlanda, 1882-Suiza, 1941)

*

El amor es un maldito fastidio, especialmente cuando también está unido a la lujuria.

*
He puesto tantos enigmas y acertijos en Ulises que la novela mantendrá ocupados a los profesores durante siglos, discutiendo acerca de lo que quise decir. Esa es la única forma de asegurarse la inmortalidad.

*

Los genios no cometen errores. Sus errores son siempre voluntarios y originan algún descubrimiento.

*

Todo es demasiado caro cuando no se necesita.

*

Una nación es mucha gente que vive en el mismo lugar.

*

Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema.

*

La irresponsabilidad es parte del placer del arte. Es la parte que las escuelas no saben reconocer. 

*

201. Jardín Botánico VII

"Jardín Botánico" sube los martes. Se sugiere leer las entradas anteriores (ver Etiquetas).
Bañista
 (Étienne Maurice Falconet, 1716-1791)

   Dice Sivori:
   Me parece que no vamos a necesitar a nadie para el casting.
   No llamé a nadie, dice Florencia.
   ¿Por qué?
   Porque te conozco.
   Sivori le había pedido que convocara al productor, al director de fotografía y al gaffer. Y le había dicho que fuese pensando en quién podría hacer el casting.
   Pero no sabés qué estoy pensando.
   No. Nunca sé qué estás pensando cuando empezás a diseñar una película. De todas maneras me hablaste de cambiar las edades de los protagonistas del cuento de Martini, después de probar para el papel de Isabel a tu amiga María Fournier. Y así. De otra manera: todavía no me hago una idea clara de qué tipo de casting estaríamos hablando.


*

Anexo

Entre las cosas que está pensando tentativamente, Sivori, para la película, la más importante es que sea protagonizada sólo por una persona, es decir, por María Fournier en el papel de Isabel Langer, que no se nombrará, y, obvio, desde el exclusivo punto de vista de ella. Como si ella fuera el objeto de la cámara y como si su mirada, al mismo tiempo, fuera una cámara que mira al otro, y que mira el Jardín, que vagabundea de sendero en sendero y de planta en planta.
Para eso le ha pedido, Sivori a María, que se aprenda de memoria el cuento pero que vaya improvisando en el día a día. No tiene más nada que decirle. Que se vista como quiera para rodar, que se sienta cómoda, y que le dé a su papel toda la naturalidad posible. Como si fuese posible transmitir a través de esa naturalidad que ella no es una actriz, que no está actuando, o que si lo está haciendo lo hace casi sin instrucciones. En fin, que sea, si puede, ella misma.
De modo que cuando vuelven a encontrarse para seguir ensayando además de María, de Florencia y de Sivori también están el productor, el director de fotografía y el jefe del equipo de electricistas.
Ha resuelto probar, también, Sivori, realizar una película en color pero sin sonido en directo. Todo lo que María tiene que decir, y escuchar, se grabará en off. Por supuesto, él tiene previsto reducir estos textos al mínimo y lo que diga el protagonista, el hombre al que María cita en el Jardín, se deducirá de lo que la voz de ella, en off, diga. 
Esto quiere decir que no sólo el punto de vista de las imágenes será el de María Fournier sino que será su voz, también, la que relate la historia como si dijéramos en primera persona.
Por eso ella hoy se ha vestido con una pollera negra, calzas negras, una remera gris, borcegos y una campera de cuero marrón muy liviana.
Un delirio, dice Florencia Dillon, una especie de homenaje anacrónico al cine mudo.
No sé todavía, dice él, si será así o no, pero quiero probar.
 María está sentada en un banco frente a la Columna Meteorológica y cerca de una escultura de un francés que se llama "Bañista". Hoy no fuma. Tiene las piernas cruzadas y los brazos abiertos sobre el respaldo del banco. Transcurre un tiempo así. Los movimientos de ella son casuales: mira algunos pájaros, el cielo, el temblor de las ramas de los árboles en un aire apenas tibio de primavera. Y ahora se para. Y da un par de pasos hacia la cámara como si se acercara al hombre que ha citado y que acaba de llegar. Sonríe con timidez, baja la mirada, hunde las manos en los bolsillos de la campera y empieza a caminar.
Conozco este jardín como la palma de mi mano, dirá ella en off exactamente en este momento.

*

   ¿Puedo hacerte una pregunta, Sivori?
   Claro.
   ¿Querés seguir trabajando conmigo?
   No dice nada, en seguida, él. La mira. Y después:
   ¿Por qué me preguntás una cosa así?
   Quiero saber... Quiero saber si querés que siga siendo tu asistente de dirección.
   Entonces sonríe, Sivori. Le acaricia un mechón de pelo.
   Sí, linda, sí, dice. Es más: no sabría qué hacer sin vos.