193. Vida Real: La casa más rara del mundo

La casa torcida (en polaco: Krzywy Domek)
Construida en 2004 por los arquitectos Szotynski y Zalenski en la ciudad de Sopot, a orillas del Báltico, en sus 400 metros cuadrados funcionan un shopping, un restaurante, una sala de juegos y la radio Muzika Fakty FM.
En pleno centro de la ciudad, la casa torcida se ha convertido en un foco de atracción turística que se suma a su balneario y a su muelle de madera de 5 kilómetros en la bahia de Gdansk.

192. Apostillas: Annie Proulx

5 consejos para escritores jóvenes
Su cuento "Brokeback Mountain" la situó en el firmamento de los más destacados escritores estadounidenses de estos años. Annie Proulx, nacida en Norwich (Connecticut, 1935), vio llegar al cine, después de muchos problemas, esta historia de dos vaqueros que sostienen una relación homosexual en las montañas más allá de sus familias. Dirigida por Ang Lee en 2005 la película tuvo, por su tema y pulcra realización, fuerte resonancia.
A continuación: los cinco mandamientos que Proulx se permite enunciar como ayuda y estímulo para los escritores en formación.

1
Proceda lentamente y con cuidado.

2
Para asegurarse que procede con lentitud, escriba a mano.

3
Escriba lentamente y a mano solamente los temas que le interesan.

4
Desarrolle destreza a través de años de extensa lectura.

5

Vuelva a escribir y editar hasta lograr la frase/párrafo/página/artículo/capítulo más afortunado.

191. Vida Real: El pez borrón

El pez borrón o pez gota vive sólo en lo más hondo del mar entre Australia y Tasmania.
Gelatinoso y sin músculos come cualquier cosa que se ponga a su alcance.
Hace un par de semanas, en septiembre de 2013, fue elegido el animal más feo del mundo.
Ahora el pez borrón se ha convertido en la mascota oficial de la Sociedad para la Preservación de Animales Feos, una organización formada para llamar la atención sobre las amenazas que se ciernen sobre algunas especies con problemas estéticos.

190. Vida Real: Otra ciudad (3x1)

Patio de conventillo: hombres y niños de distintas nacionalidades convivian en edificios en condiciones muy precarias (Foto 1914)

Ocean Dancing. Cabaret de la avenida Leandro N Alem (Foto 1939)

Hospital de Niños, desde 1896 funciona en la calle Gallo. Ahora lleva el nombre de su fundador Ricardo Gutierrez (Foto 1925)

189. Apostillas: Richard Ford

Sugerencias de Ford (Misisipi 1944)
   Después de publicar siete decálogos de escritores para autores nóveles (Onetti, Quiroga, Leonard, Pennac, Oates, y Franzen, decidimos dar por cerrada la sección. Pero un par de reclamos de seguidores de este blog nos llevó a continuar. No nos fue bien con los consejos de Monterroso. Hoy vamos con Richard Ford, justamente famoso por su trilogía "El periodista deportivo" (1986), "El día de la Independencia" (1995) y "Acción de gracias" (2006); y por su libro de relatos breves "Rock Springs" (1987).
   Podríamos continuar con Annie Proulx, P.D.James y Margaret Atwood entre otros. Se agradecerán entonces sugerencias y comentarios.
*
1
Cásese con alguien que ame y que le parezca buena idea que usted sea un escritor.

2
No tenga hijos.

3
No lea las críticas.

4
No escriba críticas (su juicio será siempre sesgado).

5
No tenga discusiones con su mujer por la mañana, ni tarde,  por la noche.

6
No beba y escriba al mismo tiempo.

7
No escriba cartas al director (a nadie le importa).

8
No le desee el mal a sus compañeros.

9
Intente pensar en la buena suerte de otros como un estímulo para usted.

10
No coma mierda si lo puede evitar.

187. Jardín Botánico V

El suicidio de Sagunto
Desde hoy, 24 de septiembre de 2013, "Jardín Botánico" subirá exclusivamente los martes.
Se sugiere leer las entradas anteriores (en Etiquetas).

*

Anexo

Sagunto es una ciudad de la autonomía valenciana y tiene una población de 67.000 habitantes. Desde el siglo III a.C. el puerto de Sagunto ocupó un lugar de privilegio en el comercio a través del Mediterráneo. A lo largo de los siglos fue tomada por cartagineses, romanos y moros. La escultura "El suicidio de Sagunto", emplazada en el Jardín Botánico, es una obra original en mármol de Carrara del catalán Agustí Querol i Subirats, autor también de los bocetos para el "Monumento de los españoles" que se construyó después de su muerte.
Sagunto representa el sacrificio que decidieron realizar los habitantes de la ciudad antes de caer prisioneros del general cartaginés Aníbal en el año 219 a.C. En 1908 la obra se ubicó en la Plaza San Martín; en 1954 se la trasladó a un galpón municipal porque se consideró que atentaba contra la sensibilidad de quienes la contemplaban; en 1961 apareció en la Plaza España; y por fin, en 1974, llegó al Jardín Botánico, donde permanece.
La escultura representa a una mujer que acaba de matar a su hijo y, con la misma daga, se suicida ella.

*

   Pero por ejemplo, dice Sivori, me encontré pensando, en estos días, que me parece que sé quién podría ser la protagonista.
   ¿Quién?
   María Fournier, una amiga.
   No sé quién es.
   No conocés a todas mis amigas.
   No, pero vos te cojés a las mías.
   Seguís muy enojada, Flor.
   Y encima se llama María...
   Tiene la edad justa, los movimientos, la manera de mirar, el estilo... Todas esas cosas que me imagino cuando pienso en quién podría hacer el papel de Isabel Langer.
   ¿Y ya pensaste cómo querés que se llame?
   Sí, pero todavía tengo alguna duda...
   ¿Cómo?
   María.

186. Apostillas: Augusto Monterroso

12 recomendaciones para escritores nóveles
Monterroso (1921-2003) es autor de novelas, cuentos, aforismos y fábulas. Y mundialmente famoso por sus microrrelatos. El más celebrado es: "Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
Con su habitual sentido del humor escribió un Decálogo con 12 mandamientos. Pero autoriza a los lectores a eliminar 2 y quedarse sólo con los 10 que le parezcan los mejores.

I
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

II
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

III
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

IV
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

V
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

VI
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

VII
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

VIII
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

IX
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

X
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

XI
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

XII
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

185. Jardín Botánico IV

Cercis chino
Jardín Botánico sube los martes y los viernes.
Se sugiere leer las entradas anteriores (en Etiquetas).
   Pero esta vez Florencia no tenía razón. Los arbolitos de los que Sivori había dicho que eran jazmines chinos no eran en efecto jazmines chinos. Pero tampoco eran arces japoneses. Eran cercis, y en este caso sí ¡chinos!
   De cualquier manera el tema de los arbolitos ya no le interesa tanto por hoy a él.
   Hoy Sivori le pide a Florencia Dillon que para la próxima reunión convoque al productor, al director de fotografía y al gaffer. También necesitamos, le dice, alguien para el casting.
   ¿Ya pagaste los derechos?, le pregunta Florencia.
   El 50% a cuenta.
   ¿A cuenta de cuánto?
   De 10.000 dólares.
   Una sombra casi invisible cruza la mirada de Florencia Dillon. Dice:
   Vos estás loco.
   No, me pareció una cifra justa. Compro los derechos para hacer, explícitamente, una adaptación libre del texto. Es más, acordé con Martini que después del título de la película habrá un cartón único que dirá "Adaptación libre de 'La forma del tiempo', un cuento de Juan Martini.
   Yo pagué 15.000 dólares por "La invención de Morel" y podemos hacer lo que quieras, una adaptación o realizarla al pie de la letra.
   Sivori no dice nada.

*

Anexo

Al cercis chino se le llama también el árbol del amor, o algarrobo loco, o el árbol de Judas. Estos arbolitos así como los arces japoneses, más altos y rojizos, se encuentran casi en los confines del suroeste del Jardín, cerca de la puerta que está sobre la calle República Árabe Siria.
Cuando la nena asustada logró salir del bosque en busca de su padre y de la Columna Meteorológica, se encontró frente a un par de cercis chinos.

*

   Otra cosa. Estuve pensando que no quiero un reparto de protagonistas conocidos. Prefiero que trabajemos con gente común, sin actores. Incluso que la nena que se pierde en el bosque sea una nena sin ninguna experiencia.
   Dice Sivori. Y agrega:
   Y vamos a corregir las edades. La protagonista será una mujer de unos 40 años, atractiva, tímida, y casi mortificada por lo que hace. La madre rondará los 70 años. Y la nena tiene que tener cerca de 10. El hombre convocado por la mujer joven andará por los 50...
   No dan las fechas, dice Florencia.
   Sí, ya sé. Pero no me importa que haya algunos anacronismos. ¿Cómo te diste cuenta de que las fechas no daban?
   A la Saturnalia la trajeron al Botánico en 1988.
   Sí.
   Pero además ¿por qué hablás solamente de ese momento en que la piba se pierde en un bosque? La historia central es otra.
   No hay historia central sin ese recuerdo de infancia, Flor. Es el único recuerdo que la chica tiene de su padre. Organizá un casting que pueda protagonizar la historia sin actores. Quiero gente común.
   ¿Qué quiere decir gente común?
   Nada Flor. Gente de carne y hueso. Nada más que eso.
Arce japonés

184. Vida Real: Jardín Botánico



Problemas técnicos en la sala de máquinas han demorado el post "Jardín Botánico IV". Estamos trabajando para solucionar el inconveniente. Si no es hoy será mañana.
Disculpen las molestias.

183. Vida Real: Life at Powder Ridge Rock Festival, 1970

Una pepa: u$ 1.-
The Powder Ridge Rock Festival was scheduled to be held July 31, August 1 and August 2, 1970 at Powder Ridge Ski Area in Middlefield, Connecticut. A legal injunction forced the event to be canceled, keeping the musicians away; but a crowd of 30,000 attendees arrived anyway, to find no food, no entertainment, no adequate plumbing, and at least seventy drug dealers. William Manchester wrote: "Powder Ridge was an accident waiting to happen, and it happened." Volunteer doctor William Abruzzi declared a drug "crisis" on 1 August and said "Woodstock was a pale pot scene. This is a heavy hallucinogens scene."

182. Apostillas: Jonathan Franzen

Decálogo para escritores principiantes
Se había dicho que las Sugerencias de Joyce Carol Oates (http://vidarealtrespuntocero.blogspot.com.ar/2013/09/179-apostillas-joyce-carol-oates.html) serían las últimas que editaríamos. Pero el reclamo de algunos lectores nos condujo a revisar la decisión y a publicar una serie más. Empezamos con Jonathan Franzen Chicago, 1959) quien a sus 54 años y gracias a sus novelas "Las correcciones" (2002) y a "Libertad" (2011) se ha convertido en la gran esperanza blanca de la literatura estadounidense. He aquí entonces:

1
El lector es un amigo, no un enemigo ni tampoco un espectador.

2
La ficción que no sea una aventura personal de su autor al adentrarse en lo desconocido o en aquello que más miedo le da, sólo merece la pena escribirse por dinero.

3
Nunca utilice la palabra “entonces” como conjunción, ya tenemos la palabra “y” para eso. El uso de todos esos “entonces” no es más que la falsa solución que un escritor perezoso ha tomado ante el problema de tener demasiadas
repeticiones de la conjunción “y” en una sola página.

4
Escriba siempre en tercera persona, a menos que haya encontrado una voz realmente distintiva con la que narrar en primera persona y no sea capaz de quitársela de la cabeza.

5
En un tiempo en el que la información es gratuita y de acceso universal, el hecho de pasar demasiado tiempo documentando su novela hace que tanto la documentación como la propia novela se devalúen sin remedio.

6
La ficción más autobiográfica es la que requiere más inventiva. Nadie ha escrito jamás una historia más autobiográfica que La metamorfosis.

7
Verá más estando sentado en un sitio que corriendo detrás de algo.

8
Es difícil creer que alguien que tenga conexión a internet en su lugar de trabajo pueda llegar a escribir buena literatura.

9
Los verbos interesantes rara vez son muy interesantes.

10
Necesita haber amado algo para poder ser despiadado con ello.

181. Jardín Botánico III

Jardín Botánico sube los martes y los viernes.
Se sugiere leer las entradas anteriores (en Etiquetas).

Anexo

No se ven durante cuatro o cinco días, Florencia y Sivori, porque ella tiene que acompañar a su madre, Juana Herralde, a firmar la escritura de la compra de un departamento en Punta del Este. De todas maneras se lleva, Florencia, "Rosario Express", el libro de cuentos de Juan Martini en el que está el relato que Sivori se ha empeñado en filmar: "La forma del tiempo".
Para su proyecto, por ahora, Sivori tiene pensado rebautizar la película como "Jardín Botánico", cambiar el nombre de la protagonista, y aumentarle un poco la edad cuando ella cuenta que a los cuatro años iba al Jardín con el padre. Se necesita, está seguro, él, una nena actriz un poco mayor, una chica como Elle Fanning, por ejemplo, que a los seis años hizo uno de los protagónicos de "The Door in the Floor" (miserablemente traducida como "Una mujer infiel") con Jeff Bridges y Kim Basinger. Nada menos: Elle Fanning. Prefiere, Sivori, ni siquiera imaginar los comentarios de Florencia Dillon si le confiara una cosa así.
Por otra parte es cierto que a medida que pasan los días la furia de ella se transforma primero en enojo, después en rencor, y por fin en una especie de disgusto que se va disolviendo, y seguirá disolviéndose hasta que María Lanús sea un puntito perdido en su memoria.
Así que cuando regresa de Uruguay vuelve a reunirse con Sivori y caminan una y otra vez a través de las que serán las locaciones más frecuentes de la película.
Un día, le cuenta Sivori, cuando ella ve por primera vez la Saturnalia se asusta tanto que sale corriendo en cualquier dirección, con el corazón en la boca, y de pronto se encuentra perdida en medio de un bosque. Es probable, dice él, que un chico urbano de cuatro años no haya visto nunca un bosque. La idea que tiene de un bosque es casi siempre la de los bosques que hay en los cuentos para chicos que les leen los padres y en las ilustraciones de esos cuentos, imágenes a las que hay que agregar las que él propio chico superpone con sus fantasías sobre esos bosques irreales. De modo que cuando la nena se encontró en el bosque supo quizás de inmediato que era un bosque pero quedó aterrorizada y comenzó a correr en cualquier dirección, sin rumbo, en busca de la Columna Meteorológica y de su padre... Por fin desembocó en un claro donde había algunos arbolitos con flores rojizas que él no se acuerda bien qué árboles son, a lo mejor, dice, jazmines chinos. Entonces ella le dice No, Sivori, esos no son jazmines chinos. Esos arbolitos son fucsias, o arces japoneses.

180. Vida Real: Scoota Car

Inglaterra, 1939
Dos mujeres montadas en un auto Scoota car de 2,5 caballos. El Rytecraft Scoota car era un microcoche británico fabricado por la British Motorboat Manufacturing Company en Londres, entre 1934 y 1940. Este pequeño vehículo se destinó inicialmente para un parque de atracciones y era accionado eléctricamente. En 1934, el diseñador Jack Shillan cambió el motor a otro de 98 centímetros cúbicos, Villiers Midget, monocilíndrico y se empezó a comercializar para uso en carretera. La transmisión era de una sola velocidad y el vehículo se operaba con un solo pedal que servía de acelerador cuando se presionaba y de freno al liberarse, con embrague automático. Tenía un solo asiento y era capaz de llegar a los 25 kilómetros por hora. Más adelante, en 1939, se le dotó de un motor de 250 centímetros cúbicos, una caja de cambios de tres velocidades y pedales de acelerador, freno y embrague. La velocidad máxima era de 65 kilómetros por hora. Tenía dos plazas y estaba equipado con luz eléctrica. Se fabricaron 1000 unidades de Rytecraft Scoota car aproximadamente y con este automóvil el aventurero Jim Parkirson viajó 24.000 kilómetros alrededor del mundo, en la década de 1960.

179. Apostillas: Joyce Carol Oates

7 Sugerencias para escritores principiantes
Oates nació en Nueva York en 1938. Entre sus numerosas novelas se destacan: Blonde, Niágara y Mujer de Barro. Es firme candidata al Premio Nobel 2014.
Si tuviéramos que quedarnos con una sola de estas sugerencias muy probablemente elegiríamos la última.

I
No tratar de anticipar un "lector ideal"; puede haber uno, pero él/ella está leyendo a alguien más.

II
No tratar de anticipar un "lector ideal"; a excepción de sí mismo tal vez, en algún momento en el futuro.

III
Sea su propio editor/crítico. ¡Compasivo pero despiadado!

IV
A menos que usted esté escribiendo algo muy avant-garde –todo retorcido, gruñido y "obscuro"–, debe estar atento a las posibilidades de la utilización de párrafos.

V
A menos que usted esté escribiendo algo muy posmoderno –consciente, reflexivo y "provocador"– debe estar atento a las posibilidades de la utilización de vocablos simples conocidos en lugar de "grandes" palabras polisilábicas.

VI
Tenga en cuenta a Oscar Wilde: "Un poco de sinceridad es peligrosa, y una gran cantidad de ella es absolutamente fatal".

VII
Mantenga el corazón alegre, esperanzado. Pero espere lo peor. 

177. Jardín Botánico II

Jardín Botánico sube los martes y los viernes.
Se sugiere leer las entradas anteriores.
   Cuando ella tenía cuatro años, le cuenta Sivori a Florencia, venía con el padre y le gustaba correr desde la Columna Meteorológica hasta Los primeros fríos pasando más o menos lejos de la Saturnalia porque le daba miedo...
   De peor humor que hace un rato, cuando él todavía no había llegado, Florencia dice:
   No entiendo de qué estás hablando.
   Él sonríe. Lo está haciendo a propósito: le cuenta escenas del cuento que quiere filmar sin decirle cuál es el tema central ni cómo se llama ni de quién es. Lo hace para provocarla, para que se enoje más, para que se saque el gusto, si quiere, de insultarlo.
   Pero el título original no me gusta, insiste él.
   ¿Cuál es el título original?
   La forma del tiempo.
   ¿Y qué título le querés poner?
   Jardín Botánico.
   Ah... Siempre obvio, vos.
   Florencia Dillon enciende un cigarrillo.
   La protagonista también fuma. Fuma demasiado. Y lo hace fumar al tipo que ella citó ahí y que dejó de fumar hace años. No se conocen, ¿entendés? Se encuentran en el Botánico por primera vez...
   Ajá. ¿Y por qué no te gusta La forma del tiempo?

*

Anexo

Los primeros fríos es una réplica en mármol de una obra del escultor catalán Miquel Blair y Fábregas (1866-1936) que obtuvo una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid (1892) y La Mención Extraordinaria en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona (1894).
La obra se sitúa en los comienzos del modernismo catalán con influencias de las vanguardias de la época, el romanticismo y el simbolismo.

*

   No sé bien, dice Sivori, pero supongo que es porque La forma del tiempo me parece un buen título literario y Jardín Botánico me suena más para la película.
   ¿La película? Es decir que ya estás decidido a hacerla.
   Casi.
   ¿Y La invención de Morel?
   Después.
   ¿Quién es el autor del cuento?
   Juan Martini.
   La novela de Bioy es una novela consagrada y eso es un antecedente que no se puede olvidar. Despertaría interés y curiosidad...
   Yo no hago películas para que despierten interés y curiosidad, Flor.
   No me llames Flor. Flor me llama la gente que me quiere.
   Estás intratable hoy...
   Sí ¿no?
   Tampoco me gusta para la película el nombre de la protagonista en el cuento, Isabel.
   Isabel...
   Isabel Langer.
   Ajá. Y cómo querés que se llame.
   Él la mira. Mira la Saturnalia desde ese ángulo. No dice nada. No quiere decir, sobre todo, que todavía no tiene respuesta para esa pregunta.

176. Apostillas XV (Extremas)

*

No tomar al pie de la letra las generalizaciones que a veces recomiendan los escritores ("Antes de empezar un cuento hay que saber el final", etcétera). Se trata de encontrar el camino y las soluciones propias.

*

Todos escribimos siempre lo mismo. Pero no hay que volver a escribir lo que obviamente sea lo mismo.

*

Los adjetivos y los adverbios o son exactos, iluminadores o necesarios o matan la ilusión del lector.

*

El lector no quiere papilla para bebés ni huesos duros de roer. El lector quiere leer con el placer de descubrir otro mundo.

*

Más que decálogos (los hay algunos más inspirados que otros) se sugiere la lectura de dos libros: "El arte de la ficción" y "Para ser novelista", los dos de John Gardner y publicados en España por Fuentetaja; y de dos ensayos breves: "Naturaleza y fin de la literatura" y "El arte de escribir cuentos" de Flannery O'Connor incluidos en el libro "Misterio y Maneras" (Ediciones Encuentro, Madrid). Sólo con esto es suficiente para no ahogarse en un valle de lágrimas y para encontrar caminos fructíferos.

*

Hay sólo tres maneras de escribir: con el culo en la silla y las manos en el teclado; con el culo en la cama y las manos en el teclado; con el culo en la silla o en la cama y las manos con un lápiz o equivalente y en el papel.

*

No hay que tenerle miedo a las palabras. A ninguna. Sólo quieren decir lo que quieren decir.

*

Los pronombres posesivos casi siempre se pueden reemplazar por los artículos determinados y a veces también por los indeterminados. En vez de "Entró con su perro" casi siempre será mejor "Entró con el perro" o "Entró con un perro". La reiteración de posesivos debilita inútilmente la narración además de crear aliteraciones.

*

Jamás describir la belleza o la fealdad de los personajes. Es inevitable que el lector se haga siempre una imagen diferente, esté o no descrito el personaje. Así que dejemos al lector en paz con sus imágenes.

*

No contar nunca sueños. Sólo repetirán o anticiparán lo obvio.

*

En cambio una pesadilla bien narrada y sin pretender que actúe como iluminación de nada puede resultar un buen desvío y una carga de sentido sin explicación que haga más eficaz el relato.

*

No usar jamás los correctores de los procesadores de textos, diccionarios ni las ofertas de sinónimos. Para confundirnos nos bastamos y sobramos. Pero si es indispensable, usar sólo el Diccionario de Uso del Español de María Moliner (Gredos). Viene en tres versiones: una en dos gruesos tomos, una edición abreviada y una en CD para instalar en PCs y notebooks. Incluye ejemplos y, además, una excelente gramática.

*

Evitar siempre, aunque no sea cierto, la leyenda que dice: "Todo parecido con la realidad es mera coincidencia". Todo el mundo sabe que el uso de esta leyenda admite que hay parecidos.

174. Jardín Botánico I


   Sivori no es Sivori. Pero por expresa comodidad del autor Sivori vuelve a ser Sivori. No el Sivori de "Cine", la última novela impresa del autor en tres libros (Eterna Cadencia 2009-2011 o en eBook) sino el Sivori de "Hermann", una novela que apareció en este blog desde la entrada 40 hasta la 127 alternándose con otros posts. Bueno, ahora es más o menos lo mismo. Sivori está a mano, algunas de sus características son útiles para este relato y por otro lado permite pensar, si es que se quiere, en las aventuras de Sivori, o, más precisamente, en las aventuras del otro Sivori.
   Por eso también sigue trabajando en "Jardín Botánico" con Florencia Dillon, hija del que fue productor de sus películas en "Cine" y que murió de una sobredosis de cocaína hace por lo menos tres años. Conviene recordar que en "Hermann" Sivori quería filmar "La invención de Morel" y que terminó filmando un semidocumental sobre la esquina de Santa Fe y Armenia, donde está el restaurante Hermann. Florencia por su parte compró los derechos de la novela de Bioy Casares y Sivori, hacia el final de la historia, tuvo un episodio sexual con María Lanús, que en esos días era la novia de Florencia y que Florencia no le ha perdonado. A Sivori. María desapareció de su vida. Pero Sivori no. Y todavía Florencia lo quiere matar.
   De todas maneras hoy han quedado en encontrarse en el Botánico porque a Sivori se le ha ocurrido adaptar y filmar un cuento de un escritor argentino que ha leído hace poco y del que hizo una reserva de los derechos.

*

Anexo

Las Saturnales (Saturnalia en latín) eran fiestas populares y paganas en la antigua Roma que comenzaron a celebrarse probablemente en el año 217 a.C., del 17 al 23 de diciembre, en honor del dios Saturno. En su transcurso la gente incurría en todo tipo de excesos: comer, beber y celebrar orgías eran los más frecuentes. Y en ellas participaban, además del pueblo y los esclavos, monjes, patricios, gladiadores, niños y putas.
La escultura de gran tamaño emplazada en el Jardín Botánico de Buenos Aires es la única réplica de una obra en bronce que el artista italiano Ernesto Biondi expuso en 1900 en la Exposición Universal de París después de diez años de trabajo. La escultura recibió el primer premio y puede recordarse que para esa misma Exposición se inauguró la llamada en aquel momento Torre de 330 metros y en seguida la Tour Eiffel. En 1907 el secretario argentino en la embajada de Roma Hernán Cullen Ayerza  le encargó a Biondi una copia que llegó a Buenos Aires en 1910.
La Aduana no permitió su salida a lo largo de dos o tres años y ningún museo ni institución aceptó recibirla. La obra permaneció entonces en los jardines de la casa de Ayerza. A su muerte en 1957 la donó al Museo Nacional de Bellas Artes que la rechazó y la obra derivó entonces por diferentes galpones municipales de donde salió maltratada, con roturas y cubierta de estiércol.
Por fin, en 1987, la Saturnalia llegó al Jardín Botánico y allí encontró por fin su lugar.

*

   Así que hoy Florencia Dillon espera a Sivori sentada en un banco de madera pintado de verde, a un costado de la escultura. Él suele ser puntual pero hoy no lo es. Por suerte es un día cálido, cerca del comienzo de la primavera, y Florencia, que es friolenta, se siente cómoda con su remera, una pollerita, un chalequito de hilo y unas chatitas. Está furiosa. Piensa en Sivori y piensa en María Lanús y por momentos está dispuesta a irse, a no esperar más, o a esperar pero para decirle a Sivori que es un cretino y que se vaya a la puta madre que lo parió. Florencia Dillon, tan joven, tan linda, tan resuelta, tan celosa... y tan fiel.

173. Vida Real: La limpieza de los dientes

Pasta dental a base de Scotch o de Bourbon
Para una mejor higiene dental y para un mejor sabor de boca a la mañana siguiente (1961)

172. Apostillas: Un escritor y los lectores

Decálogo de los derechos del lector
Daniel Pennac (Casablanca, 1944) es un escritor francés autor de libros resonantes como El hada carabina, Los cristianos y los moros y El dictador y la hamaca, entre tantos. En Como una novela (1993) formula con contundencia los derechos inalienables de los lectores. A partir de este decálogo nos podemos liberar de prejuicios atávicos que muchas veces nos impiden disfrutar de la lectura.

I
El derecho de no leer un libro.

II
El derecho de saltar las páginas.

III
El derecho de no terminar un libro.

IV
El derecho de releer.

V
El derecho de leer lo que sea.

VI
El derecho al Bovaryismo (enfermedad textual transmisible).

VII
El derecho de leer donde sea.

VIII
El derecho de buscar libros, abrirlos en donde sea y leer un pedazo.

IX
El derecho de leer en voz alta.

X
El derecho de callarse.

171. Vida Real: Foto

Una nena le saca una foto a un perro
Circa 1910. (Photographer unknown, via National Media Museum)

170. Apostillas: Decálogo de escritura de Elmore Leonard

Decálogo de escritura
Leonard nació en Nueva Orleans en 1925 y murió hace menos de un mes, el 20 de agosto, en Detroit.
Su influencia en la literatura y en el cine contemporáneos se basa en los extraordinarios relatos y novelas policiales que publicó: El tren de la 3:10 a Yuma, El nombre del juego, Un romance peligroso, Jackie Brown y más. Y fue llevado al cine por Steven Soderbergh, John Sturges y Quentin Tarantino.
Al referirse a su Décalogo de escritura sostuvo:
“Estas son las reglas que he ido recogiendo en el camino para ayudarme a permanecer invisible cuando estoy escribiendo un libro, para ayudarme a mostrar lo que está sucendiendo en la historia en lugar de contarlo.”

1. Nunca empieces un libro con el tiempo
Si sólo es para crear una atmósfera y no por la reacción de un personaje ante el tiempo, no quieres que se prolongue demasiado. El lector tiende a mirar la hoja buscando a gente. Claro que hay excepciones. Si resulta que eres Barry López, quien posee más formas que un esquimal de describir el hielo y la nieve en su libro Sueños Árticos, entonces puedes hacer todos los partes meteorológicos que quieras.

2. Evita los prólogos
Pueden ser muy molestos, especialmente un prólogo tras una introducción después de un prefacio. Son bastante frecuentes en los ensayos, pero un prólogo en una novela es historia y puedes introducirla en el lugar que quieras. Hay un prólogo en la obra de John Steinbeck, Dulce Jueves, pero me parece correcto porque se trata de un personaje dejando claras las reglas del libro. Dice así: “Me gusta mucho que se hable en los libros y no me gusta que nadie me diga cómo es el tipo que está hablando. Quiero imaginármelo a partir de la forma en la que habla.”

3. Nunca uses un verbo distinto a “dijo” para introducir un diálogo
La línea del diálogo pertenece al personaje; el verbo es el escritor metiendo sus narices. Pero “dijo” es mucho menos intrusivo que “se quejó”, “susurró”, “advirtió”, “mintió”… Una vez me encontré en un libro de Mary McCarthy una línea de diálogo que terminaba con un “ella aseveró” y tuve que dejar de leer para coger el diccionario.

4. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo “dijo”
Le amonestó seriamente. Usar un adverbio de esta forma (o casi de cualquier forma) es un pecado mortal. El escritor está exponiéndose a sí mismo usando una palabra que distrae e interrumpe el ritmo de la conversación. Hay un personaje en uno de mis libros que cuenta cómo él mismo solía escribir romances históricos “llenos de violaciones y adverbios”.

5. Mantén tus signos de exclamación controlados
Tienes permiso para no más de dos o tres por cada 100.000 palabras escritas en prosa. Claro que si tienes la habilidad para jugar con las exclamaciones como lo de Tom Wolfe, te dejo manga ancha en esto.

6. Nunca uses expresiones como “de repente”
Esta regla no requiere explicación. He notado que los escritores que usan “de repente” tienden a ejercer menos control en sus signos de exclamación.

7. Usa los dialectos con moderación
Una vez que empieces a escribir mal las palabras del diálogo y llenes una página de apóstrofes, no podrás parar.

8. Evita las descripciones detalladas de los personajes
Steinbeck lo hizo. En “Colinas como elefantes blancos” de Hemingway, ¿qué apariencia tienen el americano y la chica que le acompaña?. “Ella se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa”. Esa es toda la referencia a una descripción física en la historia.

9. No entres en detalles al describir lugares y objetos
A menos que seas Margaret Atwood y puedas pintar escenas con el lenguaje, no quieres descripciones que lleven la acción, el fluir de la historia, a un punto muerto.

10. Intenta quitar la parte que los lectores tienden a saltarse
Piensa en esas cosas que tú te saltas cuando lees una novela: esos gruesos párrafos de prosa llenos de palabras. Evítalos.

169. Apostillas: Decálogo de Horacio Quiroga

Decálogo del perfecto cuentista
Este decálogo de Horacio Quiroga gozó de gran repercusión durante largos años. En 1969 Julio Cortázar incluyó un trabajo llamado "Del cuento breve y sus alrededores" en su libro "Último round" en el que comienza señalando que salvo el precepto N° 10 los demás son prescindibles. En otro ensayo, "Algunos aspectos del cuento" (1970), Cortázar rescataba las obras de Payró, Güiraldes, Lynch y el propio Quiroga, pero -en virtud de sus propias ideas sobre el género- ya no le disculpaba este decálogo. Como sea, el Decálogo de Quiroga derrapa en algunos aspectos pero acierta en otros y vale la pena no olvidarlo.

I
Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

168. Apostillas: Decálogo de Juan Carlos Onetti


Decálogo más uno para escritores principiantes

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII. No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X. Mientan siempre.

XI. No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”



167. Vida Real: Pesadillas *


The Nightmare, 1781

 Hay que llamar por teléfono, preguntarle a Julia, eso es lo que hay que hacer, lo que necesitás hacer: el teléfono es un celular negro chiquito, igual a todos los celulares, a lo mejor no es tan chiquito, pero no se ve bien la pantalla, ya no queda mucho tiempo, todo lo que pasa alrededor muestra que no queda mucho tiempo, hay mucha luz, o hay poca luz y el calor es fuerte. Ellos están mucho más cerca, sobre la calle, por encima de la calle y van a bajar por un puente que termina en vos, un puente que termina en mí pero no puedo llamar por el celular, no se ve la pantalla, o no se ve bien, hay unas palabras en la pantalla: si pudieras leer esas palabras sabrías cómo llamar a Julia para preguntarle lo que tenés que preguntale y para que puedas llegar o salir de ahí, pero tus dedos son torpes, es difícil moverlos pero sobre todo es difícil hacerles hacer lo que tienen que hacer, marcar el cinco, ¿dónde está el cinco?, ¿dónde está el cuatro?, ¿dónde está la tecla para llamar? ¿Por qué los dedos no llegan nunca, se traban o se demoran o tropiezan?, ¿con qué tropiezan los dedos? Desde el puente comienzan a soltarse y a rodearte, ellos, caen a tu alrededor, los que vienen a buscarnos, porque ahora te das cuenta de que tu hermana está con vos, tu hermana cuando era chiquita, y uno de ellos la agarra de un bracito y tironea. Si Julia supiera esto te llamaría ella, te llamaría para decirte qué hay que hacer y para que les diga que suelten a tu hermanita, que te dejen respirar, el sudor te cae por la cara y por los ojos, la pantalla del teléfono no se ve bien y el sudor no te deja ver bien la pantalla del teléfono: por eso hacés más fuerza con los dedos y los dedos no llegan a las teclas que por otro lado están en cualquier orden, si es que es un orden, porque tampoco se entiende, y entonces el miedo es miedo y no hay nada que hacer, ya no hay nada que hacer...

Lady Macbeth with the Daggers, 1812

* Y si no, estamos en una ciudad conocida, en otro país, una ciudad que yo conozco pero los otros no, vienen conmigo y son mi familia: Julia no es de mi familia, yo sé, pero ahora es de mi familia, una prima, yo conozco bien esta ciudad y caminamos, vamos al puerto, los otros, y Julia, y una hija de Julia que tiene cuatro años: la ciudad es Venecia y llegamos al puerto de Venecia, la hija de Julia empieza a llorar, quiere algo pero Julia no se lo da, los otros miran el puerto de Venecia que no es el puerto de Venecia, no es o no parece el puerto, pero al mismo tiempo es como si fuera el puerto de Venecia, con unas vereditas que van de muelle a muelle, angostas, sin barandas, sin pretil, como esos puentes en Venecia que no tienen barandita, o sea puentes sin pretil y hay agua de los dos lados, en esos puentes y en el puerto, pero no hay barcos en el puerto de Venecia, están todos afuera del puerto, en el mar, porque son barcos grandes que no entran en el puerto. Estamos en un lugar parecido al Arsenal, con sus torres de ladrillos y sus estatuas en la puerta, y ese puente que va de torre a torre en el antiguo astillero pero todo es más chico que en la realidad, el puerto de Venecia es inmenso, no es el Arsenal: ahí se hacían los barcos de Venecia para la guerra, no se los anclaba, a esos barcos a remos, para remos, cien remos, doscientos remos, y no se los anclaba: la hija de Julia llora mucho, grita, pero ella no le puede dar lo que la nena quiere, los otros se fueron más lejos y eso es peligroso, si no pueden volver vos tampoco vas a poder volver, y menos ahora que el puerto de Venecia ya no es el puerto de Venecia, es otro puerto, el puerto de una ciudad que yo no conozco, y es un puerto inmenso, no alcanza la vista para verlo todo, pero adentro de ese puerto están los barcos que no podían entrar al puerto de Venecia: los otros no vuelven y Julia le dice a la nena que se calle,  después le grita y después le pega,  y después me dice que yo tengo la culpa de todo porque si no fuera por mí no estaríamos en ese puerto de mierda de una ciudad que nadie conoce.

The Night-Hag Visiting Lapland Witches, 1796

* Ahora él se escapa, no sabe cómo lo consigue, no sabe cómo hace para salir de esa casa que no es una casa sino algo macabro, acaba de ver el espanto en esos pasillos y sale al bosque, a la noche, hace frío y llueve, pero ya está, se escapó: abrió una puerta y había otra puerta y después una ventana de barrotes de hierro pero salió al bosque, era de noche, es de noche, no llueve pero en seguida llueve a cántaros y él respira con alivio porque se escapó. Ahora entiendo que él soy yo y que no tengo que distraerme porque van a salir a buscarme y tengo que escaparme, irme muy lejos, esa gente me va a encontrar, vaya donde vaya lo van a encontrar, no hay descanso, no hay alivio, él corre a través del bosque a oscuras, se golpea contra las ramas bajas de los árboles y pronto le sale sangre de la nariz, de la nariz y de un oído, mucha sangre que cae sobre una chaqueta militar, una chaqueta del ejército francés de la primera guerra mundial: eso lo sé y esa gente viene con máscaras antigases y con armas y él sigue adelante, no ve nada, se cae, me caigo, pero a pesar de la lluvia la tierra está seca y trato de encontrar un pozo, una cueva, un hueco en el tronco de un árbol para esconderme: también tiene perros, esa gente, sé quiénes son: enemigos, uno de cada clase de todos los enemigos que hay, se los ve ahora, los veo, sin las máscaras, con abrigos de seda, anteojitos de oro y risas corteses en los labios pintados de colorado, quieren hacerse pasar por futuros amigos, brindemos por la amistad futura, parece que dijeran pero yo no quiero brindar, quiero seguir corriendo por este puente que apareció de pronto, un puente sin barandas y a los dos lados el abismo, la nada, el lugar donde no hay que caer porque es el peor de los lugares, el lugar en el que Julia sufrirá más, Julia es mi hija y tengo que sacarla de ahí ahora mismo, tengo que llegar al otro lado del puente y todo habrá terminado, sí, pero veo que el otro lado del puente está cada vez más lejos, más lejos, y que ya no vamos hacia allá, ya no voy hacia allá porque hay una escalera que baja del puente y estoy bajando del puente y al final de la escalera, en la calle, están todos, los enemigos, esperándome con las copas en las manos para que brindemos por el futuro cuando llegue abajo me van a matar...
* Imágenes de Johann Heinrich Füssli (Zürich 1741-Londres 1825)