228. Apostillas: El Jardín de los Poetas *

Borges
¿En el corazón de canon?

El Jardín de los Poetas está en el Rosedal. Son 21 o 22 bustos de escritores y uno de un músico. Fueron emplazados a lo largo del siglo XX, desde 1921 hasta 2002. El primero fue Dante. El último José Martí. En el medio una rara mezcla que, seguro, hoy no se repetiría. Y quizás, como prueba de disenso, una noche de finales del año 2010 le cortaron la cabeza a Rubén Darío y la tiraron a la fuente.
          Según cómo se lo mire, el Jardín de los Poetas es un canon.
          ¿Quiénes lo integran?
          Dante Alighieri, Olegario Víctor Andrade, Julián Aguirre (músico), Paul Goussac, Amado Nervo, William Shakespeare, Fernán Félix de Amador, Alfonso Reyes, Enrique Larreta, Alfonsina Storni, Rosalía de Castro, Ramón Pérez de Ayala, Federico García Lorca, Giacomo Leopardi, Antonio Machado, Miguel Hernández, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Benito Pérez Galdós, Scholem Aleijem, Alejandro Casona y José Martí. 21 escritores más un músico más del desaparecido Rubén Darío cuyo busto no fue repuesto.
          Las preguntas se multiplican rápidamente: ¿por qué no están Balzac o Flaubert? ¿Y Joyce? ¿O Faulkner? ¿Por qué está Alfonsina y no Gabriela Mistral? ¿Por qué Asturias y no Neruda? ¿Por qué Martí y no José Carlos Mariátegui? Etcétera.
          Los bustos se encuentran expuestos en un amplio círculo, alrededor de la fuente principal, cerca de la entrada que está donde se cruzan las avenidas Iraola y Presidente Montt, y al toque del Patio Andaluz. Lo que no se entiende son los emplazamientos excéntricos de Dante y Larreta. Fuera del círculo o, peor, en el caso de Andrade, su busto se encuentra en una plazoleta circular y dominante a la que se accede a través de tres o cuatro escalones…
          No se requiere demasiada imaginación para pensar en el Jardín de los Poetas como en una especie de canon diacrónico que el siglo pasado fue estableciendo de acuerdo a reconocimientos de época y a la cristalización en lugares centrales de algunas obras. Harold Bloom suspiraría de alivio ante la confirmación en ese lugar de Shakespeare, que rige como una estrella su sistema literario. Sistema, el de Bloom, en el que no entra ninguno de los latinoamericanos que están en el Rosedal, salvo Borges.

Darío
¿Quién le cortó la cabeza?

          Es sabido que un canon es, también, un instrumento para enseñar y aprender literatura: un programa. El punto es que los programas se construyen según los gustos de las cátedras. Y exactamente por eso es que la literatura argentina, por ejemplo, discute ardientemente las inclusiones y las exclusiones en los cánones que algunos docentes organizan para su propio jolgorio.
          Este acto, discriminatorio por excelencia, encuentra siempre respuestas. A veces le cortan la cabeza a Rubén Dario. A veces habría que cortárselas a media docena de favoritos de las cátedras.
          A ver: armemos nuestro propio Jardín de los Poetas de hoy. O nuestro propio canon. Pensemos, para acotar un poco, en un canon sólo argentino. ¿Borges en el centro? ¿Y qué hacemos con Cortázar? ¿Quién se atreve a excluir a Onetti? ¿O quién se atreve a incluir a Onetti con el raro coraje con que se ha incluido a Gombrowicz en el sistema literario del Río de la Plata?
          ¿Se sigue optando por un número políticamente correcto de mujeres? ¿O se piensa en una presencia femeniana de acuerdo a su excelencia? Por ejemplo: Silvina Ocampo, Orozco, Pizarnik, Sara Gallardo, Griselada Gambaro, Elvira Orphée y María Elena Walsh?
          Saer ¿estaría en el nuevo Jardín de los Poetas?
          ¿Y Piglia, Fogwill, Puig, Walsh, Bioy, Aira y Soriano?
          Eso: ¿qué hacemos con Soriano?
          ¿Y con Fontanarrosa?
          Si se entera Beatriz Sarlo se vuelve a morir…
          ¿Además, entran vivos y/o muertos?
          ¿También: ¿hay un canon de la gauchesca?
          Por otro lado, más allá de las listas de los más o menos obvios, de los más o menos seguros, de los más o menos injustos, ¿qué se hace con Andrés Rivera, Belgrano Rawson, Feinmann, Abelardo Castillo, Viñas, Juan L. Ortiz, Tizón o Luis Gusmán?
          ¿Y con Daniel Guebel, Sergio Bizzio y Luis Chitarroni?
          ¿A quién ponemos en la plazoleta privilegiada de Olegario Víctor Andrade? ¿A Macedonio Fernández, a Lamborghini o a Laiseca?
          ¿A Echeverría, a Sarmiento o a Arlt?
          ¿Y después, qué se hace con los jóvenes viejos liberales: Martín Caparrós, Alan Pauls, o Marcelo Cohen?

Dante
¿Por qué lo pusieron afuera?


         Por otro lado están los excluidos de siempre. No sólo Cortázar tuvo su objetora. Alguien se negó a dar Cervantes. Las cosas claras: Don Miguel no figura en el programa (la lista está expuesta en una vitrina frente a la fuente). Pero su busto (de dudoso gusto) se codea con los elegidos… Si alguien descifra el enigma estaría bueno que se lo haga saber a este cronista. Mientras tanto no se puede menos que pensar que alguien se negó, también, a dar Cervantes.
          Y por último, ¿qué se hace con los escritores jóvenes que tanto y tan bien se hacen escuchar? ¿Van bustos de Selva Almada, Romina PaulaOsvaldo Aguirre, Pola Oloixarac, Hernán RonsinoSamanta Schweblin, Carlos Busqued, Leonardo Oyola, Oliverio Coelho o Laura Meradi?

          El problema, en definitiva, es que los criterios exhaustivos nos conducirían al mapa de la China imaginado por Borges. Por un lado. Y por otro, triste pero cierto: nunca estarán todos los que son. Y entonces uno se dice que quizás no esté tan mal que El Jardín de los Poetas quede tal como está. Porque nada, nada, nos pondrá a salvo de la arbitrariedad.
          PD. Apenas dos horas después de subir este post he resuelto aceptar las quejas de Magadelluvia Suspirante y Eva Caro: Por eso: ¿Por otro lado ¿qué se hace con Gelman, Paco Urondo, Hugo Gola y Oliverio Girondo?
          Stop.
           
          * La primera versión de este post se publicó por primera vez en el blog de Eterna cadencia http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2010/10793

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