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208. Jardín Botánico VIII

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Jardín romano

*

Anexo I

Esto no va. Hay vibraciones en lo que se escribe que hacen, entre otras cosas, que el lector quiera seguir leyendo y que quien escribe quiera seguir escribiendo. En este texto no hay vibraciones. Y si las hay son forzadas, hay que tensar demasiado algunos puntos para conseguir la apariencia o el simulacro de una vibración.
Cuando se escribe una novela para que se publique en papel si se advierte algo así se hacen esfuerzos para detectar qué es lo que no va y corregirlo y para recomenzar desde ese lugar con un ritmo más sostenido y con un suspenso que de una u otra manera se despliega solo. No es el caso. "Jardín Botánico" no se escribe para ser impresa y para circular como habitualmente circulan los libros impresos: distribución, librerías, comentarios en suplementos literarios, éxito de ventas, fracaso o comportamiento promedio: es decir, 500 ejemplares vendidos. "Jardín Botánico" se escribe para subir periódicamente a un blog y -es su intención desde el primer momento- y para poner a la vista mediante artificios ficcionales los problemas que se van planteando.
Esta exposición para no seguir interrumpe los vaivenes ficcionales y es una puesta en abismo, diría la licenciada Eva Caro.
Pero esto ¿es una puesta en abismo?
La forma está decidida. De modo que se sigue y se verá si lo es o no.
Recapitulando: habiéndose observado que el texto no emite vibraciones, o no funciona bien, se ha tomado la decisión de abandonarlo. Y hay, para eso, por lo menos, dos caminos.

*

Anexo II

El primer camino sería -ya se ha dicho- un intento ficcional de hacerse cargo del problema. Por ejemplo, Florencia Dillon le dice a Sivori que las cosas así no van. Que su idea de una película con una única protagonista y sin sonido directo no puede dar buenos resultados.
Sivori entonces puede desoír la opinión de Florencia. No sería la primera vez. Pero para hacerlo tendría que estar seguro de que su película -y esta novela- funcionan.
Se descarta en este caso esta opción.
Después de un ensayo, un par de días antes de empezar a filmar, cuando Florencia, el productor, el director de fotografía y el jefe de electricistas ya se fueron, María Fournier y él siguen caminando por el Botánico, llegan al Jardín romano y se sientan en uno de esos bancos que debe pensarse que son bancos que replican a los bancos de los jardines romanos. De hecho, son difrentes a todos los bancos del resto del Jardín.
Se sientan. Fuman. No hablan... No hablan hasta que María le dice que esto no va. Pero para hacer más suave su comentario se hace cargo de la responsabilidad.
Me parece que no sirvo para eso, podría decirle. Vos necesitás a una actriz que haga lo que querés, es decir que actúe como si no fuera una actriz, y yo me pongo nerviosa, no sé cómo hacerlo y tengo la sensación de que te voy a estropear la película.
Sivori puede en tal caso insistir. O no insistir. Existe la posibilidad de que él también haya advertido que hay algo que no encaja en el proyecto de la película tal como él se la imagina en este momento. Como sea, es seguro que el comentario de María Fournier sería escuchado por Sivori de manera diferente a como sería escuchado un comentario similar realizado por Florencia. Aun cuando él debería confiar más en los comentarios de Florencia Dillon.
Pero bueno, las cosas pueden desencadenarse así. Es María la que lo hace.
De esta manera el texto podría encontrarse en un tramo casi agónico mediante recursos de exposición de sus fallas puestos a la vista, y entonces conducirlo hacia un final circunstancial o de ocasión sería relativamente simple.

*

Anexo II

Otro camino consistiría en hacer algo parecido, sino lo mismo, que el texto hace ahora: se pone decididamente frente a su fracaso.
No es de esperar que todos los lectores compartan esta idea. Es probable que un segmento de lectores se haya enganchado con la novela y esté dispuesto a pasar por alto sus puntos débiles o su inverosimilitud. Sucede. Estas cosas suceden. Y que otro segmento de lectores, aburridos o desencantados vayan dejando de seguir, cada martes o a partir de cada martes, los nuevos capítulos. De hecho, una simple consulta de las estadísticas del blog indica que el texto ganó en lectores hasta el capítulo IV y comenzó a perder lectores a partir del capítulo V. Sucede. En rigor, ya está sucediendo. No es dramático. El blog ofrece, por otro lado, otros espacios y otros desarrollos además de "Jardín Botánico" y la pérdida de lectores es, podría decirse, una tendencia suave. Nada dramático. Como si el fracaso del texto apenas comenzara a esbozarse. A diferencia de una novela anterior posteada en este mismo blog, "Hermann", cuyos lectores nunca dejaron de crecer. Poco o de a poco. Pero el número crecía.
Este dato se suma a la percepción exacerbada de que "Jardín Botánico", tal como está planteada, no va.

*

Anexo III

Así que, nuevamente, como ya se ha dicho, en la medida en que una de las intenciones de estos relatos es poner en evidencia, poner sobre el tapete, cómo se los construye, lo más lógico se presenta bajo la forma de interrumpirlo a través de una puesta en abismo.
La película que se imagina Sivori es mala, la participación de María Fournier es inverosímil, la relación de Sivori con Florencia después del final de "Hermann" no se recuperó bien y ella sigue profundamente dolorida... Y así siguiendo. Pero no se caerá en la especulación de ficcionalizar estos puntos para apelar a través de la ficción a una especie de comprensión ficcional del lector.
Amigos: "Jardín Botánico" se terminó.
Se aceptan comentarios. Pero piénsese que detrás de esta decisión existe una lealtad hacia el lector que casi ninguna novela tiene. Se vive en una época en que la forma tradicional de escribir narraciones y hacerlas circular está cambiado drásticamente.
Esta época, y este soporte, un blog, son los que, en definitiva, han resuelto dar por terminada la aventura.

*

Así que María y Sivori están otra vez en silencio. O nunca hablaron. Están sentados en un banco de mármol frente a una escultura de un emperador romano. Hay sol y ellos se encuentran solos ahí. No hay más nada que decir.
 Cést Fini


201. Jardín Botánico VII

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Bañista
 (Étienne Maurice Falconet, 1716-1791)

   Dice Sivori:
   Me parece que no vamos a necesitar a nadie para el casting.
   No llamé a nadie, dice Florencia.
   ¿Por qué?
   Porque te conozco.
   Sivori le había pedido que convocara al productor, al director de fotografía y al gaffer. Y le había dicho que fuese pensando en quién podría hacer el casting.
   Pero no sabés qué estoy pensando.
   No. Nunca sé qué estás pensando cuando empezás a diseñar una película. De todas maneras me hablaste de cambiar las edades de los protagonistas del cuento de Martini, después de probar para el papel de Isabel a tu amiga María Fournier. Y así. De otra manera: todavía no me hago una idea clara de qué tipo de casting estaríamos hablando.


*

Anexo

Entre las cosas que está pensando tentativamente, Sivori, para la película, la más importante es que sea protagonizada sólo por una persona, es decir, por María Fournier en el papel de Isabel Langer, que no se nombrará, y, obvio, desde el exclusivo punto de vista de ella. Como si ella fuera el objeto de la cámara y como si su mirada, al mismo tiempo, fuera una cámara que mira al otro, y que mira el Jardín, que vagabundea de sendero en sendero y de planta en planta.
Para eso le ha pedido, Sivori a María, que se aprenda de memoria el cuento pero que vaya improvisando en el día a día. No tiene más nada que decirle. Que se vista como quiera para rodar, que se sienta cómoda, y que le dé a su papel toda la naturalidad posible. Como si fuese posible transmitir a través de esa naturalidad que ella no es una actriz, que no está actuando, o que si lo está haciendo lo hace casi sin instrucciones. En fin, que sea, si puede, ella misma.
De modo que cuando vuelven a encontrarse para seguir ensayando además de María, de Florencia y de Sivori también están el productor, el director de fotografía y el jefe del equipo de electricistas.
Ha resuelto probar, también, Sivori, realizar una película en color pero sin sonido en directo. Todo lo que María tiene que decir, y escuchar, se grabará en off. Por supuesto, él tiene previsto reducir estos textos al mínimo y lo que diga el protagonista, el hombre al que María cita en el Jardín, se deducirá de lo que la voz de ella, en off, diga. 
Esto quiere decir que no sólo el punto de vista de las imágenes será el de María Fournier sino que será su voz, también, la que relate la historia como si dijéramos en primera persona.
Por eso ella hoy se ha vestido con una pollera negra, calzas negras, una remera gris, borcegos y una campera de cuero marrón muy liviana.
Un delirio, dice Florencia Dillon, una especie de homenaje anacrónico al cine mudo.
No sé todavía, dice él, si será así o no, pero quiero probar.
 María está sentada en un banco frente a la Columna Meteorológica y cerca de una escultura de un francés que se llama "Bañista". Hoy no fuma. Tiene las piernas cruzadas y los brazos abiertos sobre el respaldo del banco. Transcurre un tiempo así. Los movimientos de ella son casuales: mira algunos pájaros, el cielo, el temblor de las ramas de los árboles en un aire apenas tibio de primavera. Y ahora se para. Y da un par de pasos hacia la cámara como si se acercara al hombre que ha citado y que acaba de llegar. Sonríe con timidez, baja la mirada, hunde las manos en los bolsillos de la campera y empieza a caminar.
Conozco este jardín como la palma de mi mano, dirá ella en off exactamente en este momento.

*

   ¿Puedo hacerte una pregunta, Sivori?
   Claro.
   ¿Querés seguir trabajando conmigo?
   No dice nada, en seguida, él. La mira. Y después:
   ¿Por qué me preguntás una cosa así?
   Quiero saber... Quiero saber si querés que siga siendo tu asistente de dirección.
   Entonces sonríe, Sivori. Le acaricia un mechón de pelo.
   Sí, linda, sí, dice. Es más: no sabría qué hacer sin vos.

194. Jardín Botánico VI

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Pérgola cubierta por una Santa Rita a final del invierno
   ¿Es usted?
   Sí, soy yo.
   No se trata de una mera formalidad. No se conocen. Ella esperaba sentada con las manos aferradas al borde del banco, la espalda ligeramente echada hacia adelante y un cigarrillo entre los dedos de la mano derecha. Es rubia con algunas hebras blancas y el pelo le cae suelto apenas hasta los hombros. Él observa, detrás de ella y de su banco, una escultura: "Bañista", reproducción en mármol de la obra del francés Mauricio Esteban Falconet (1716-1791).
   Ella se levanta, tira el cigarrillo, no sabe qué hacer.
   Él tampoco sabe qué hacer.
   Por fin, se dan la mano.
   Ella le agradece que haya venido.
   Están frente a la Columna Meteorológica. Ella, en seguida, le contará que en uno de esos bancos, cuando tenía cinco años, se sentaba su padre cuando iban juntos a pasear al Botánico y que después ella corría por uno de los senderos centrales que pasaba frente a la casa de ladrillos de Carlos Tahys y llegaba hasta "Los primeros fríos" (V.: Jardín Botánico II). Después volvía, siempre por el mismo camino, hasta la Columna Meteorológica.

*

Anexo

No sólo decidió, Sivori, que quiere probar para el protagónico a su amiga María Fournier sino también que los personajes no tendrán nombres, ni ella, ni el hombre, ni la madre de ella, ni cualquier otro que se nombre o mencione.
Hay que decir que María Fournier no es María Fournier, que trabajó en algún otro relato en este blog y que era amiga o amante de un amigo de Sivori, un escritor. Pero lo que sucedía en aquel relato es que había demasiadas mujeres vinculadas a Sivori y el autor decidió desdoblar a Sivori en Sivori y su amigo el escritor. Pero la realidad (si es que hay algo que podemos seguir llamando "la realidad") fue que María Fournier se había sentido atraida por Sivori en un viaje muy breve que había hecho de París a Buenos Aires para conocer el departamento de Carola Holms porque Carola se quedará un año entero en Bruselas para trabajar en la sede central de la UE y María, su amiga, que también es traductora simultánea, se tomará un año sabático: ayudó a su madre a mudarse a una granja en las afueras de Lisieux, en la Baja Normandía, cerró el departamento donde vivían en el Passsage Dauphine en París, terminó una relación informal que sostenía con un francés dibujante de comics y volvió a Buenos Aires.
Ahora está allí, entre divertida y nerviosa, haciendo una prueba para protagonizar la próxima película de Sivori, inspirada en un cuento de un escritor argentino que se llama "La forma del tiempo". La ficción, que todo lo admite, abre las puertas de estas pruebas.

*

   Así que ahora caminan: ella y él caminan por senderos angostos y desiertos, y así pasan no muy lejos de "El suicidio de Sagunto", y Sivori le indica (por ahora Sivori hace de "él", es decir, del hombre que ella, a instancias de su madre, ha citado en el Botánico para tratar de aclarar un malentendido -ella está segura que se trata sólo de eso) que atraviesen una pérgola cubierta por una Santa Rita que todavía, a pesar de que estamos a finales de septiembre, todavía no ha florecido.
   María es alta, tiene puestas unas calzas grises, un gabán azul, borcegos, y cuando no fuma hace girar en un dedo el anillo de oro con una esmeralda que es la única joya que usa.
   Yo sé, dice, o me imagino, que todo esto no tiene ni pies ni cabeza. Por eso le agradezco tanto que haya venido. Mi madre está enferma y a veces no sabe lo que dice... Fue ella la que nos dio su nombre y la que pidió que lo encontráramos... En estos casos mi hermana... Tengo una hermana más chica... En estos casos ella se desentiende de todo y si no me ocupo yo no se ocupa nadie. Pero el problema no es ese. El problema es hacerle entender a mi madre que hay cosas que no tienen sentido.
   Salen de la pérgola donde se habían detenido un instante.
   Ella vuelve a fumar.
   Cerca, sentada en el césped, Florencia los mira.

187. Jardín Botánico V

El suicidio de Sagunto
Desde hoy, 24 de septiembre de 2013, "Jardín Botánico" subirá exclusivamente los martes.
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*

Anexo

Sagunto es una ciudad de la autonomía valenciana y tiene una población de 67.000 habitantes. Desde el siglo III a.C. el puerto de Sagunto ocupó un lugar de privilegio en el comercio a través del Mediterráneo. A lo largo de los siglos fue tomada por cartagineses, romanos y moros. La escultura "El suicidio de Sagunto", emplazada en el Jardín Botánico, es una obra original en mármol de Carrara del catalán Agustí Querol i Subirats, autor también de los bocetos para el "Monumento de los españoles" que se construyó después de su muerte.
Sagunto representa el sacrificio que decidieron realizar los habitantes de la ciudad antes de caer prisioneros del general cartaginés Aníbal en el año 219 a.C. En 1908 la obra se ubicó en la Plaza San Martín; en 1954 se la trasladó a un galpón municipal porque se consideró que atentaba contra la sensibilidad de quienes la contemplaban; en 1961 apareció en la Plaza España; y por fin, en 1974, llegó al Jardín Botánico, donde permanece.
La escultura representa a una mujer que acaba de matar a su hijo y, con la misma daga, se suicida ella.

*

   Pero por ejemplo, dice Sivori, me encontré pensando, en estos días, que me parece que sé quién podría ser la protagonista.
   ¿Quién?
   María Fournier, una amiga.
   No sé quién es.
   No conocés a todas mis amigas.
   No, pero vos te cojés a las mías.
   Seguís muy enojada, Flor.
   Y encima se llama María...
   Tiene la edad justa, los movimientos, la manera de mirar, el estilo... Todas esas cosas que me imagino cuando pienso en quién podría hacer el papel de Isabel Langer.
   ¿Y ya pensaste cómo querés que se llame?
   Sí, pero todavía tengo alguna duda...
   ¿Cómo?
   María.

185. Jardín Botánico IV

Cercis chino
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   Pero esta vez Florencia no tenía razón. Los arbolitos de los que Sivori había dicho que eran jazmines chinos no eran en efecto jazmines chinos. Pero tampoco eran arces japoneses. Eran cercis, y en este caso sí ¡chinos!
   De cualquier manera el tema de los arbolitos ya no le interesa tanto por hoy a él.
   Hoy Sivori le pide a Florencia Dillon que para la próxima reunión convoque al productor, al director de fotografía y al gaffer. También necesitamos, le dice, alguien para el casting.
   ¿Ya pagaste los derechos?, le pregunta Florencia.
   El 50% a cuenta.
   ¿A cuenta de cuánto?
   De 10.000 dólares.
   Una sombra casi invisible cruza la mirada de Florencia Dillon. Dice:
   Vos estás loco.
   No, me pareció una cifra justa. Compro los derechos para hacer, explícitamente, una adaptación libre del texto. Es más, acordé con Martini que después del título de la película habrá un cartón único que dirá "Adaptación libre de 'La forma del tiempo', un cuento de Juan Martini.
   Yo pagué 15.000 dólares por "La invención de Morel" y podemos hacer lo que quieras, una adaptación o realizarla al pie de la letra.
   Sivori no dice nada.

*

Anexo

Al cercis chino se le llama también el árbol del amor, o algarrobo loco, o el árbol de Judas. Estos arbolitos así como los arces japoneses, más altos y rojizos, se encuentran casi en los confines del suroeste del Jardín, cerca de la puerta que está sobre la calle República Árabe Siria.
Cuando la nena asustada logró salir del bosque en busca de su padre y de la Columna Meteorológica, se encontró frente a un par de cercis chinos.

*

   Otra cosa. Estuve pensando que no quiero un reparto de protagonistas conocidos. Prefiero que trabajemos con gente común, sin actores. Incluso que la nena que se pierde en el bosque sea una nena sin ninguna experiencia.
   Dice Sivori. Y agrega:
   Y vamos a corregir las edades. La protagonista será una mujer de unos 40 años, atractiva, tímida, y casi mortificada por lo que hace. La madre rondará los 70 años. Y la nena tiene que tener cerca de 10. El hombre convocado por la mujer joven andará por los 50...
   No dan las fechas, dice Florencia.
   Sí, ya sé. Pero no me importa que haya algunos anacronismos. ¿Cómo te diste cuenta de que las fechas no daban?
   A la Saturnalia la trajeron al Botánico en 1988.
   Sí.
   Pero además ¿por qué hablás solamente de ese momento en que la piba se pierde en un bosque? La historia central es otra.
   No hay historia central sin ese recuerdo de infancia, Flor. Es el único recuerdo que la chica tiene de su padre. Organizá un casting que pueda protagonizar la historia sin actores. Quiero gente común.
   ¿Qué quiere decir gente común?
   Nada Flor. Gente de carne y hueso. Nada más que eso.
Arce japonés

184. Vida Real: Jardín Botánico



Problemas técnicos en la sala de máquinas han demorado el post "Jardín Botánico IV". Estamos trabajando para solucionar el inconveniente. Si no es hoy será mañana.
Disculpen las molestias.

181. Jardín Botánico III

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Anexo

No se ven durante cuatro o cinco días, Florencia y Sivori, porque ella tiene que acompañar a su madre, Juana Herralde, a firmar la escritura de la compra de un departamento en Punta del Este. De todas maneras se lleva, Florencia, "Rosario Express", el libro de cuentos de Juan Martini en el que está el relato que Sivori se ha empeñado en filmar: "La forma del tiempo".
Para su proyecto, por ahora, Sivori tiene pensado rebautizar la película como "Jardín Botánico", cambiar el nombre de la protagonista, y aumentarle un poco la edad cuando ella cuenta que a los cuatro años iba al Jardín con el padre. Se necesita, está seguro, él, una nena actriz un poco mayor, una chica como Elle Fanning, por ejemplo, que a los seis años hizo uno de los protagónicos de "The Door in the Floor" (miserablemente traducida como "Una mujer infiel") con Jeff Bridges y Kim Basinger. Nada menos: Elle Fanning. Prefiere, Sivori, ni siquiera imaginar los comentarios de Florencia Dillon si le confiara una cosa así.
Por otra parte es cierto que a medida que pasan los días la furia de ella se transforma primero en enojo, después en rencor, y por fin en una especie de disgusto que se va disolviendo, y seguirá disolviéndose hasta que María Lanús sea un puntito perdido en su memoria.
Así que cuando regresa de Uruguay vuelve a reunirse con Sivori y caminan una y otra vez a través de las que serán las locaciones más frecuentes de la película.
Un día, le cuenta Sivori, cuando ella ve por primera vez la Saturnalia se asusta tanto que sale corriendo en cualquier dirección, con el corazón en la boca, y de pronto se encuentra perdida en medio de un bosque. Es probable, dice él, que un chico urbano de cuatro años no haya visto nunca un bosque. La idea que tiene de un bosque es casi siempre la de los bosques que hay en los cuentos para chicos que les leen los padres y en las ilustraciones de esos cuentos, imágenes a las que hay que agregar las que él propio chico superpone con sus fantasías sobre esos bosques irreales. De modo que cuando la nena se encontró en el bosque supo quizás de inmediato que era un bosque pero quedó aterrorizada y comenzó a correr en cualquier dirección, sin rumbo, en busca de la Columna Meteorológica y de su padre... Por fin desembocó en un claro donde había algunos arbolitos con flores rojizas que él no se acuerda bien qué árboles son, a lo mejor, dice, jazmines chinos. Entonces ella le dice No, Sivori, esos no son jazmines chinos. Esos arbolitos son fucsias, o arces japoneses.

177. Jardín Botánico II

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   Cuando ella tenía cuatro años, le cuenta Sivori a Florencia, venía con el padre y le gustaba correr desde la Columna Meteorológica hasta Los primeros fríos pasando más o menos lejos de la Saturnalia porque le daba miedo...
   De peor humor que hace un rato, cuando él todavía no había llegado, Florencia dice:
   No entiendo de qué estás hablando.
   Él sonríe. Lo está haciendo a propósito: le cuenta escenas del cuento que quiere filmar sin decirle cuál es el tema central ni cómo se llama ni de quién es. Lo hace para provocarla, para que se enoje más, para que se saque el gusto, si quiere, de insultarlo.
   Pero el título original no me gusta, insiste él.
   ¿Cuál es el título original?
   La forma del tiempo.
   ¿Y qué título le querés poner?
   Jardín Botánico.
   Ah... Siempre obvio, vos.
   Florencia Dillon enciende un cigarrillo.
   La protagonista también fuma. Fuma demasiado. Y lo hace fumar al tipo que ella citó ahí y que dejó de fumar hace años. No se conocen, ¿entendés? Se encuentran en el Botánico por primera vez...
   Ajá. ¿Y por qué no te gusta La forma del tiempo?

*

Anexo

Los primeros fríos es una réplica en mármol de una obra del escultor catalán Miquel Blair y Fábregas (1866-1936) que obtuvo una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid (1892) y La Mención Extraordinaria en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona (1894).
La obra se sitúa en los comienzos del modernismo catalán con influencias de las vanguardias de la época, el romanticismo y el simbolismo.

*

   No sé bien, dice Sivori, pero supongo que es porque La forma del tiempo me parece un buen título literario y Jardín Botánico me suena más para la película.
   ¿La película? Es decir que ya estás decidido a hacerla.
   Casi.
   ¿Y La invención de Morel?
   Después.
   ¿Quién es el autor del cuento?
   Juan Martini.
   La novela de Bioy es una novela consagrada y eso es un antecedente que no se puede olvidar. Despertaría interés y curiosidad...
   Yo no hago películas para que despierten interés y curiosidad, Flor.
   No me llames Flor. Flor me llama la gente que me quiere.
   Estás intratable hoy...
   Sí ¿no?
   Tampoco me gusta para la película el nombre de la protagonista en el cuento, Isabel.
   Isabel...
   Isabel Langer.
   Ajá. Y cómo querés que se llame.
   Él la mira. Mira la Saturnalia desde ese ángulo. No dice nada. No quiere decir, sobre todo, que todavía no tiene respuesta para esa pregunta.

174. Jardín Botánico I


   Sivori no es Sivori. Pero por expresa comodidad del autor Sivori vuelve a ser Sivori. No el Sivori de "Cine", la última novela impresa del autor en tres libros (Eterna Cadencia 2009-2011 o en eBook) sino el Sivori de "Hermann", una novela que apareció en este blog desde la entrada 40 hasta la 127 alternándose con otros posts. Bueno, ahora es más o menos lo mismo. Sivori está a mano, algunas de sus características son útiles para este relato y por otro lado permite pensar, si es que se quiere, en las aventuras de Sivori, o, más precisamente, en las aventuras del otro Sivori.
   Por eso también sigue trabajando en "Jardín Botánico" con Florencia Dillon, hija del que fue productor de sus películas en "Cine" y que murió de una sobredosis de cocaína hace por lo menos tres años. Conviene recordar que en "Hermann" Sivori quería filmar "La invención de Morel" y que terminó filmando un semidocumental sobre la esquina de Santa Fe y Armenia, donde está el restaurante Hermann. Florencia por su parte compró los derechos de la novela de Bioy Casares y Sivori, hacia el final de la historia, tuvo un episodio sexual con María Lanús, que en esos días era la novia de Florencia y que Florencia no le ha perdonado. A Sivori. María desapareció de su vida. Pero Sivori no. Y todavía Florencia lo quiere matar.
   De todas maneras hoy han quedado en encontrarse en el Botánico porque a Sivori se le ha ocurrido adaptar y filmar un cuento de un escritor argentino que ha leído hace poco y del que hizo una reserva de los derechos.

*

Anexo

Las Saturnales (Saturnalia en latín) eran fiestas populares y paganas en la antigua Roma que comenzaron a celebrarse probablemente en el año 217 a.C., del 17 al 23 de diciembre, en honor del dios Saturno. En su transcurso la gente incurría en todo tipo de excesos: comer, beber y celebrar orgías eran los más frecuentes. Y en ellas participaban, además del pueblo y los esclavos, monjes, patricios, gladiadores, niños y putas.
La escultura de gran tamaño emplazada en el Jardín Botánico de Buenos Aires es la única réplica de una obra en bronce que el artista italiano Ernesto Biondi expuso en 1900 en la Exposición Universal de París después de diez años de trabajo. La escultura recibió el primer premio y puede recordarse que para esa misma Exposición se inauguró la llamada en aquel momento Torre de 330 metros y en seguida la Tour Eiffel. En 1907 el secretario argentino en la embajada de Roma Hernán Cullen Ayerza  le encargó a Biondi una copia que llegó a Buenos Aires en 1910.
La Aduana no permitió su salida a lo largo de dos o tres años y ningún museo ni institución aceptó recibirla. La obra permaneció entonces en los jardines de la casa de Ayerza. A su muerte en 1957 la donó al Museo Nacional de Bellas Artes que la rechazó y la obra derivó entonces por diferentes galpones municipales de donde salió maltratada, con roturas y cubierta de estiércol.
Por fin, en 1987, la Saturnalia llegó al Jardín Botánico y allí encontró por fin su lugar.

*

   Así que hoy Florencia Dillon espera a Sivori sentada en un banco de madera pintado de verde, a un costado de la escultura. Él suele ser puntual pero hoy no lo es. Por suerte es un día cálido, cerca del comienzo de la primavera, y Florencia, que es friolenta, se siente cómoda con su remera, una pollerita, un chalequito de hilo y unas chatitas. Está furiosa. Piensa en Sivori y piensa en María Lanús y por momentos está dispuesta a irse, a no esperar más, o a esperar pero para decirle a Sivori que es un cretino y que se vaya a la puta madre que lo parió. Florencia Dillon, tan joven, tan linda, tan resuelta, tan celosa... y tan fiel.